de Sur a Sur, nº 82: Xenofobia y solidaridad rivalizan en la Jungla de Calais

En una Europa a la deriva en relación a las personas refugiadas, las ONGs y organizaciones proinmigrantes venimos denunciando las medidas que están asumiendo algunos países europeos. Medidas que pasarán a la historia de la infamia por la terrible violación de derechos humanos que suponen. Dinamarca ha comenzado a confiscar el dinero en efectivo de las personas refugiadas que supere los 1.340 euros. Países como Suecia, Holanda y Finlandia han anunciado deportaciones masivas. Mientras el periódico británico The Independent denuncia que miembros, algunos de ellos uniformados, de una milicia armada de extrema derecha llevan a cabo una campaña de violencia sin precedentes contra los inmigrantes que están en  el llamado campo de la Jungla, en la localidad francesa de Calais. Y en muchas de nuestras fronteras se construyen muros y alambradas que impiden la entrada de quienes tienen pleno derecho a la circulación por vías legales y seguras, y a una adecuada acogida.

calais1Hemos escogido este botón de muestra de la situación en Calais a través del artículo “Xenofobia y solidaridad rivalizan en la Jungla de Calais” de Andrea Olea publicado recientemente en Diario Público.

Los actos racistas y las muestras de solidaridad se multiplican al mismo tiempo en Calais, la ciudad del norte de Francia convertida en última etapa para miles de refugiados que sueñan con llegar a Reino Unido. La manifestación que este fin de semana recorrió sus calles en apoyo a los emigrantes, terminó en altercados con la policía y varias detenciones, escenificando la tensión creciente que vive la localidad.

Vista desde el aire, la Jungla se asemeja a un inmenso mar de plástico azul y blanco. Situado a apenas cinco kilómetros de la ciudad francesa de Calais, frente al Canal de la Mancha, este asentamiento acoge a más de 7.000 emigrantes de una quincena de nacionalidades que esperan dar el salto definitivo a Inglaterra: afganos, sudaneses, sirios, etíopes, eritreos… un paseo entre sus calles enlodadas se convierte en un recorrido por un mapa de conflictos.

En este gigantesco poblado, formado por chabolas y precarias estructuras de madera, todo es extremo: el frío, el viento, el barro. La Jungla es como un ser vivo que respira, inspira y expira, engulle y escupe a personas de muy distintos orígenes con dos cosas en común: una odisea a sus espaldas hasta su llegada a Calais y el sueño de alcanzar Reino Unido, considerado la verdadera Tierra Prometida.

Las cifras oscilan, pero en los últimos meses el número de habitantes de la Jungla ha explotado: de 3.000 personas pasó a 10.000, y en la actualidad se estima que malviven en ella entre 7.000 y 8.000 habitantes.

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