Europa y los refugiados

Es urgente abrir y garantizar vías seguras para que las personas que huyen de la guerra y de la hambruna puedan hacerlo en la mejor de las circunstancias, porque la inexistencia de esas vías les obliga a arriesgar sus vidas. En este sentido se inscriben las manifestaciones del pasado sábado en más de 40 ciudades en España, entre ellas Málaga, y en más de 16 países, que exigen un ‘pasaje seguro’, safe passage, para las personas que se dirigen a suelo europeo. Y es que la actitud de Europa ante la mayor crisis de refugiados/as tras la Segunda Guerra Mundial, da cuenta de la ausencia de humanidad, responsabilidad y solidaridad. Es como si los valores fundacionales europeos fueran tirados por la borda y con ellos, de manera flagrante e impune.

caritas-con-los-refugiados-en-libia1Un botón de muestra de esta actitud desafortunada de la UE y que sólo puede calificarse de vergüenza son los 10.000 menores desaparecidos; nadie sabe dónde están. Pueden estar siendo violados, prostituidos, esclavizados en manos de una nueva organización criminal paneuropea de tráfico de personas. Según Save the Children, en 2015 entraron 26.000 niños sin acompañantes. 5.000 que llegaron solos han desaparecido en Italia. 1.000, en Suecia. Que sepamos. Una realidad absolutamente inaceptable que, según Europol, puede situar a niñas y niños en manos de redes de tráfico de personas. En la misma línea está la situación extremadamente preocupante de las mujeres que llegan a Europa huyendo de los conflictos pues el riesgo de que sufran violencia sexual y de género es altísimo.

El hecho de que no existan vías seguras de entrada hace que más de 410 personas han muerto en el Mediterráneo, 8 por día. Según la Organización Internacional de las Migraciones (OIM), casi un millón entraron a Europa desde África y Oriente Medio a través de rutas terrestres o marítimas en 2015. En este mismo año murieron en su intento de llegar a Europa cerca de 4.000 (3.700 según ACNUR), de las cuales al menos el 30 por ciento eran menores. A todas ellas habrá que sumarles las historias que quienes desaparecen bajo las aguas sin dejar rastro de su existencia; las muertes de los invisibles y de quienes transitan caminos entre las nieves de la ruta de los Balcanes.

Mientras tanto, de las 160.000 personas refugiadas se comprometió a acoger en varias Cumbres, apenas unas 400 ha sido reubicadas. Es incomprensible cómo la UE, que es un espacio económico y social rico, haya sido incapaz de hacer lo que otros estados más pobres han hecho en innumerables ocasiones. Que una comunidad de más de 500 millones de personas sea incapaz de hacer frente a una marea de 1 millón, que representa sólo el 0,02% de la población de la UE, sólo puede calificarse de indignante para cualquier observador neutral. Hay que recordar que países como la misma Siria acogió más de 2 millones de iraquíes durante la invasión occidental. Lo mismo podemos decir de Jordania o el Líbano en numerosas ocasiones con refugiados palestinos, iraquíes o sirios.

La UE opta por políticas que en lugar de responder a los convenios internacionales y a su propia legislación en materia de refugio, dan la espalda y criminalizan tanto a la población refugiada como a quienes les acogen. La ONG Statewatch ha denunciado la intención de la UE de sacar adelante una normativa que obligaría tanto a las ONG como a personas voluntarias a registrarse antes de prestar ayuda. En el mismo escoramiento están siendo las medidas de algunos países, con evidente menoscabo de los derechos humanos. Dinamarca ha comenzado a confiscar el dinero de las personas refugiadas que superen los 1.340 euros. Suecia, Holanda y Finlandia han anunciado deportaciones masivas. Mientras ‘The Independent’ denunciaba que miembros de una milicia armada de extrema derecha llevan a cabo una campaña de violencia sin precedentes contra los inmigrantes en el llamado campo de la Jungla, en la localidad francesa de Calais. Y en muchas de nuestras fronteras se construyen muros y alambradas.

Para evitar este naufragio de Europa, como el de ‘La rana hervida’ de Olivier Clere, gran parte de la ciudadanía desea salir de este círculo asfixiante de las decisiones políticas. ONG, grupos sociales, voluntarios y voluntarias se están organizando tanto en los puntos de llegada como en múltiples ciudades para salvar vidas, atender a quienes llegan a nuestros países y contrarrestar los mensajes que criminalizan a quien debe ser protegido. Por eso ‘Pasaje seguro’ es la reivindicación de quienes creemos que no estamos frente a una crisis de refugiadas y refugiados, sino ante una severa crisis de valores de nuestras sociedades europeas.

Debe garantizarse, especialmente, que las mujeres no estén sometidas a violencia sexual y de género. Urge coordinar todos los esfuerzos, de instituciones y de la sociedad civil, para localizar a los y las menores desaparecidos. Deben ponerse en práctica medidas firmes contra las redes de trata de personas. Europa ha de cumplir los acuerdos asumidos en materia de acogida, con compromisos de hospitalidad e inclusión. Debe garantizarse la protección de las organizaciones y personas que apoyan a la población refugiada. España, por su parte, debe agilizar los trámites de acogida con los que se ha comprometido y debe respetar los derechos humanos en la frontera sur. Hemos de estar alerta ante el peligro de narrativas y discursos xenófobos. Contrarrestarlos es crucial para nuestro futuro como humanidad. Nunca antes fue tan evidente la debilidad del proyecto europeo. La obscena preeminencia de los intereses económicos y políticos sobre las personas supone una gravísima violación de derechos. Ahora, más que nunca, deben primar los valores fundacionales de la UE y la defensa a ultranza de los derechos humanos.

Artículo de Luís Pernía Ibañez, presidente de ASPA, publicado en LA TRIBUNA el 29 de febrero de 2016

 

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