Perú: apuntes a pie de mochila (IV) Los guardianes de la selva

Habíamos escogido Perú para nuestro próximo viaje. Como viejxs amigxs y simpatizantes de ASPA (Asociación Andaluza por la Solidaridad y la Paz) pensamos en el país andino por su belleza natural y por ser un viejo objetivo de nuestro quehacer solidario desde hace años.

Mª José, Carmen y Lulú provenían del mundo de la enseñanza; Begoña, Blanca, Pepa y yo de la sanidad, y como anfitriona Amparo, nacida en Pucallpa, en la selva amazónica peruana.

El viaje tenía alicientes turísticos como Cusco y sus alrededores, pero también queríamos visitar la selva y otros lugares. En nuestra retina quedaron el Machu Pichu o el Inti Raymi, pero también la Lima de la imperceptible garua, la imponente selva o la Montaña de los Siete Colores.

Entre una cosa y otra visitamos a nuestrxs compañerxs de Guaman Poma de Cusco o lxs amigxs de la selva en rio Ucayali. Pequeños pero valiosos retazos de solidaridad.

En este recorrido estos fueron algunos apuntes a pie de mochila:

Los guardianes de la selva

El viaje a la selva ha estado, en muchos casos, motivado por una ensoñación de paisajes exuberantes, de ríos caudalosos, de pájaros exóticos, de una Naturaleza pletórica de verdor y vida, pero al día de hoy, acercarse a Iquitos o Pucallpa, a Atalaya o Madre de Dios es ver una degradación ambiental cada vez más fuerte, donde las industrias madereras, petroleras, mineras a cielo abierto, la extinción de pescados como el paiche, son realidades cotidianas.

El 11% de la población peruana es amazónica y la densidad de población es de 2.17 hab/km2. Es evidente una irreversible emigración de los pequeños poblados a las grandes ciudades de la selva como Iquitos o Pucallpa.

La degradación ambiental y el olvido permanente de las personas indígenas de la selva son dos aspectos que llaman la atención al viajero. Según la cultura de los shipibos konibos que viven entre Orellana y Pucallpa, Ronin, la gigantesca boa que cuida de los lagos amazónicos, contempla despavorida la depredación de los recursos selváticos por insaciables pescadores, montaraces y madereros.

En dieciséis años Perú perdió casi dos millones de hectáreas de bosque, publicaba recientemente el periódico La República. Según SENFOR (Servicio Forestal) peruano solo en 2016 fueron arrancadas 164 000 hectáreas en San Martín, Ucayali, Loreto y Madre de Dios. Las causas: la minería, la agricultura migrante y la deforestación sin control.

La verdad es que Perú con 72 millones de hectáreas de bosque es el segundo a nivel de Sudamérica y el noveno a nivel mundial de riqueza forestal. Sin embargo, las cifras no son alentadoras si se echa un vistazo al problema de la deforestación, principal amenaza de esas grandes extensiones de vegetación que va en aumento año tras año. Cabe señalar que de 2010 a 2016, Perú ha perdido un millón novecientas mil hectáreas de bosques.

Son la construcción de carreteras, la minería a cielo abierto, la agricultura de aceite de palma en grandes extensiones y las concesiones forestales a madereros ilegales  y legales, igualmente destructivos. Según datos de INRENA, el 90% de madera extraída de la Amazonia es ilegal, invadiendo a además territorios de las poblaciones indígenas. En la región de Ucayali los madereros ilegales han abierto caminos hasta lo más profundo de la Reserva Murunahua amenazando a los territorios de indígenas en aislamiento voluntario.

Junto al deterioro ambiental está el olvido y la marginación de los pueblos amazónicos, que sufren el impacto de la colonización, de la construcción de carreteras, de las petroleras, de la minería salvaje y del impacto de los culturizadores que imponen los modelos de la sociedad occidental. Esta serie de circunstancias ha creado una situación compleja que es difícil de analizar. Hay pueblos indígenas, desde su aislamiento voluntario hasta totalmente asimilados, y hay pueblos migrantes andinos, europeos, asiáticos y africanos.

Es necesario recordar y poner énfasis en ello que la política gubernamental desde siempre no ha respetado ni respondido a  las necesidades de la región amazónica. El estado ha considerado que esta vasta región de riquezas naturales es ilimitada y ello ha llevado a la explotación sin control.

Precisamente los pueblos indígenas vivieron siempre en estrecho contacto con la naturaleza y en armonía con ella. Sus conocimientos básicos nacían del bosque. Este era la extensión de su vida, su fundamento. Los instrumentos musicales reproducían los sonidos del bosque; las letras de sus canciones, el viento, la vida cotidiana y su relación con la naturaleza.

La cultura indígena tiene forma de canoa vaciada a fuego desde el Urubamba al Amazonas, porque desde la aparición de la canoa la economía de la zona se dinamizó, las distancias se acortaron, el trueque se intensificó, la pesca se expandió y los conocimientos se derramaron por los caudalosos ríos. El soporte principal es la memoria oral o la memoria hablada, que desde la más remota noche de los tiempos es el archivo de los numerosos pueblos selváticos. Cuando Cristóbal Colon en el siglo XV llego a la isla Guanahani ciertamente se margina o pasa de largo la cultura indígena en aras a la importancia de la conquista. Pero siglos después de la llegada de la escritura a estas tierra exuberantes, la palabra sigue cumpliendo la tarea de cimentar la identidad popular amazónica.

En el libro “Geografía del Perú” Javier Pulgar Vidal dice “no hay cura entre todas las descubiertas por la arqueología peruana que no ofrezca elementos selváticos: plumas de aves típicamente selváticas, semillas de palmeras o nectandras, varas de chonta, esculturas de frutas selváticas, presencia de jaguares y mono selváticos. El milenario testimonio de los Quilcas prueba que los hombres antiguos conocían perfectamente la flora y la fauna. Otros autores sostienen que la cerámica decorativa fue introduciéndose desde los Andes septentrionales a los centrales a través de la selva y puntualizan que la cultura peruana nació, efectivamente, en la Amazonia. Al contemplar el complejo cerámico de Cunancayococha en la zona del alto Ucayali no puede uno menos de preguntarse: ¿Quien nos ha dado derecho a imponer nuestra cultura a unos pueblos que ya la tenían, tan digna como la nuestra?

La población amazónica se diferencia por la lengua en diversos grupos étnicos. Algunos de los más importantes son la familia Richwa-Quechua que se asientan en toda la Amazonia, especialmente en las provincias de Napo, Pastaza, Tigre y Sucumbios; familia Arawak Maipuren con alrededor de 80 lenguas y dialectos; familia Jibaro asentada en el norte de la Amazonia peruana en territorio fronterizo con Ecuador; familia Pano que en la cuenca del rio Ucayali es reconocida como la Gran Nación; familia Tupi-Guaraní con 53 lenguas amerindias que comprenden Argentina, Bolivia, Brasil Guyana Francesa, Paraguay, Uruguay, Perú y Venezuela; familia Kawapana-Cahuapana entre las serranías de los nacientes del rio Cahuapanas y la ciudad de Moyobamba; otras familias que merecen mención son la Tikuna, Shimaco, Peba-Yagua, Bora Huitoto, Harakmbut, Tacana Tukano y Zaparo.

Las comunidades indígenas mantienen una íntima relación con el mundo natural que da contenido a su cultura, a su economía y forma de vida. Desde épocas precoloniales, las sociedades indígenas de la amazonia peruana han dependido de la selva para obtener los alimentos, materiales de construcción medicinas, guía espiritual y para comerciar. Esta relación con el medio ha sobrevivido a los diferentes ciclos sociales y económicos que los han invadido en los últimos siglos y dentro de los cuales encontramos el periodo misional (1780-1860), el auge del caucho (1860-1915), el periodo de intensa extracción de madera (1929-1960) y el “boom” petrolero (1960-presente). A pesar de la influencia de estos nuevos sistemas socioeconómicos ha provocado en las sociedades indígenas un cambio en sus culturas y patrones de vida, la relación esencial entre estas comunidades y la biodiversidad de la selva amazónica continúa siendo de vital importancia para su cultura y  sus modelos socioeconómicos.

Sorprende al viajero ver que los monumentos que se ven en la mayoría de las plazas de los pueblos de la selva son de militares, hasta el nombre de buena parte de dichos pueblos corresponde a militares. Sin poner en duda su aportación al progreso de la zona, cabe preguntarse ¿Es que no ha habido otras personas relevantes propias de  la zona? o mejor  ¿No se pueden visibilizar de otra manera la cultura indígena, ancestral y milenaria?

El bosque amazónico alberga la mayor biodiversidad de plantas. La implicación de los pueblos indígenas en la conservación es muy importante. El futuro del bosque húmedo tropical pasa por el tradicional uso que han hecho secularmente los pueblos indígenas que tienen la clave para la conservación a largo término. Los pueblos amazónicos han vivido y modelado la selva de forma progresiva. Ellos son parte integral del ecosistema, ellos dependen del bosque y ellos deben y deberían continuar siendo los guardianes de la selva.

Luis Pernía (Presidente de ASPA)

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