Solidaridad con lxs refugiadxs de la República Centroafricana

Os presentamos el proyecto “Solidaridad con las/os refugiadas/os de la República Centroafricana” que con ilusión estamos empezando y que responde a la petición de ayuda que las Soeurs de Saint François de Assise, algunas de ellas voluntarias en uno de los campos de refugiados de Bangui (capital de la Republica Centroafricana), hicieron a ASPA en el viaje que hicimos a Togo en agosto de 2014.

Los Objetivos que perseguimos son:

  • Dar a conocer que también existen refugiados/das en  el  continente africano
  • Romper el estereotipo de que solo se da la realidad de refugiados/das mirando a  Europa,  pues  las migraciones  interafricanas  son mayores y más permanentes que las que se dirigen a la UE.

El conflicto centroafricano:

Desde que alcanzara la independencia en 1960, la República Centroafricana (que cuenta con unos cinco millones de habitantes y es el séptimo país más pobre del  mundo)  fue  durante  años  una  pieza más en el juego de los intereses franceses en  la  región,  lo  que  unido  a  la  intensa pugna entre grupos rivales por el control del poder y los recursos naturales que abundan  en  su  suelo,  sobre  todo diamantes pero también oro, uranio y petróleo, se tradujo en una sucesión de rebeliones y golpes de Estado que solían triunfar cuando eran apoyados o tolerados por la exmetrópoli. Un dato: de los siete presidentes que ha tenido el país, solo uno ha sido elegido en las urnas.

El penúltimo capítulo de esta agitada historia  comenzó  el  10  de  diciembre  de 2012, cuando los rebeldes del norte agrupados en torno al movimiento Seleka, hartos de esperar que se cumplieran las condiciones  del  último  acuerdo  firmado con el Gobierno en 2007, inician un imparable avance hacia la capital a donde llegan en marzo de 2013 derrocando al presidente François Bozizé y tomando el poder.

Sin embargo, Seleka, una heterogénea alianza sin un verdadero proyecto, estaba más  interesada  en  el  saqueo  y  la  rapiña que en articular una alternativa política. Para cientos de miles de centroafricanos, el año 2013 fue un infierno en la tierra. Pueblos  arrasados, masacres, robos…  Los Seleka, de mayoría musulmana, atacaban sobre todo a la población cristiana introduciendo la peligrosa variable religiosa en el conflicto de un país en el que las distintas  confesiones  religiosas  convivían en relativa calma. En respuesta a esta violencia   reaparecen   en   la   escena   los grupos de autodefensa cristianos denominados antibalaka, que lideran una contraofensiva  contra  los  rebeldes y, por extensión, contra los musulmanes sospechosos de colaborar con estos.

El líder rebelde que se había autoproclamado presidente, Michel Djotodia, es incapaz de controlar la situación.   Ni   siquiera   su   decisión   de disolver oficialmente a Seleka logra frenar la espiral de odio. Una misión de paz de la Unión Africana, luego sustituida por una fuerza de paz de la ONU y el despliegue de unos 2.000 soldados franceses tratan de calmar los ánimos, pero los ajustes de cuentas siguen sobresaltando al país. Finalmente, la presión internacional logra hacer dimitir a Djotodia y en enero de 2014 es nombrada una presidenta de transición, Catherine Samba-Panza.

Desde entonces, los esfuerzos por acabar con la violencia, que han incluido la presencia de una misión europea con notable presencia española, han dado algunos frutos, pero el proceso es lento y está  lleno de  obstáculos.  Miles  de  civiles musulmanes se han visto forzados a huir de la capital mientras sufren los ataques de los antibalaka. Los estallidos de violencia se producen con demasiada frecuencia. El pasado 20 de agosto, un musulmán fue asesinado en Bambari. En las 24 horas siguientes, jóvenes de esa religión se lanzaron  a  una  nueva  masacre  de cristianos. Resultado: diez muertos y una decena de heridos.

En el último año y medio han tenido lugar acuerdos de paz, foros de diálogo, un intento de desarme que nadie parece respetar y un proceso de transición prorrogado varias veces que debería conducir  a  la  celebración  de  unas elecciones  presidenciales  y  legislativas antes  de  final  del  presente  año.  Pero, cómo   celebrar   unos   comicios   creíbles cuando una  cuarta  parte  de  la población está desplazada y la supervivencia diaria es el único y gran objetivo para muchos de ellos? ¿En qué condiciones irán a las urnas quienes siguen sometidos al antojo de los exSeleka, en el noreste, o de los antibalaka, en el sudoeste? En este contexto, la radicalización  de la  amenazada  población musulmana es más que posible.

El futuro es incierto. Con los señores de la guerra controlando aún buena parte del territorio y una frágil transición amenazada por los intereses de grupos armados que controlan los recursos, la presencia de las fuerzas de la ONU se antoja imprescindible en un Estado que ya ha empezado a deslizarse por la pendiente de los Estados fallidos. Pero la misión de paz tendrá que mostrar  una  mayor  capacidad  para proteger a la población. E investigar, identificar  y  condenar  a  los  responsables de las violaciones para lavar su maltrecha imagen,  redoblando  esfuerzos  para  que esto no vuelva a ocurrir.

Un país en emergencia humanitaria

ACNUR ha alertado de que la crisis en República Centroafricana (RCA) se está convirtiendo en “la mayor emergencia humanitaria  olvidada  de  nuestro tiempo” cifrando en más de 900.000 el número de desplazados por la violencia.

Por su parte Médicos sin Fronteras (MSF) alerta que mientras los enfrentamientos en la   República   Centroafricana   continúan, miles de refugiados llegados a Camerún carecen de agua potable, abrigo y comida. Miles de personas viven bajo los árboles y no cuentan más que con la solidaridad de la comunidad musulmana de Camerún para alimentarse y vestirse. MSF se inquieta de la lentitud de la atención a los refugiados desperdigados a lo largo de la frontera.

La situación de los refugiados que tuvieron que huir hacia el norte del país y cruzar la frontera  a  Chad  es  igualmente desesperada.  Alrededor  de  13.000 personas están viviendo en campos improvisados en Sido, en el sur de Chad. La población vive bajo los árboles en refugios improvisados  y  cuentan  con  sólo  veinte letrinas y fuentes.

También UNICEF habla de la extrema gravedad de la situación. Unos 2,4 millones de niñas/os sufren las consecuencias del conflicto que estalló hace cuatro años en República Centroafricana y necesitan asistencia humanitaria.

Las/os niñas/os se enfrentan a la falta de acceso a los servicios básicos -como agua y saneamiento, salud, nutrición y educación- y además están siendo víctimas de la violencia y el reclutamiento forzoso: hay entre 6.000 y 10.000 niños soldado.

Además,  unas  840.000  personas  se  han visto obligados a dejar sus casas, convirtiéndose en desplazados internos o refugiados en  países  vecinos  como Chad, Camerún,  República  Democrática  del Congo y Congo. La grave crisis humanitaria en República Centroafricana es probablemente la crisis más olvidada del mundo en estos momentos.

Para finalizar ¿Qué pretendemos con el proyecto?:

  • Servirnos de  las  rutas  habituales  de ASPA (Institutos, escuelas, ONGs, entidades solidarias en general) para informar de la violencia y personas desplazadas en la República Centroafricana.
  • Conseguir fondos económicos a través de Solidaridad Popular para enviarlos a las Soeurs de Saint François de Assise