Mediterraneo

de Sur a Sur, nº 118: de criminalizar a los inmigrantes a criminalizar a las ONG. La indignidad de un Ministro del Interior

Traemos a este boletín la entrevista que ha hecho Olivia Carballar, para La Marea, al fotoperiodista Gervasio Sánchez, que ha pasado dos semanas a bordo del barco de Proactiva Open Arms. En la misma reflexiona sobre las declaraciones del ministro Juan Ignacio Zoilo contra las ONG que rescatan personas en el Mediterráneo.

El fotoperiodista Gervasio Sánchez, testigo de varias guerras alrededor del mundo, ha visto hace solo unos días, en mitad de la espesura del Mar Mediterráneo, las consecuencias de otras guerras que se siguen librando día a día. “He visto miles y miles de personas desesperadas a las que les han arrancado todo lo que tenían. Algunos suben al barco con ropas mojadas que se tienen que quitar y cambiarlas por otras prestadas. Hasta los bebés de países en guerra vienen al mundo con más pertenencias. He visto la frustración en los voluntarios cuando no se ha podido encontrar el bote de goma en medio del mar que indicaba el radar del barco. Saben que la alternativa al rescate es la muerte. He visto guardacostas libios (financiados por la Unión Europea) recoger los motores de las pateras para revenderlos en Libia. He visto la indecencia personificada en forma de organismo europeo que mira a otra parte sin ser consciente de que su pasividad podría ser un crimen de lesa humanidad”. Todas esas cosas ha visto Gervasio Sánchez durante dos semanas a bordo del barco de la ONG Proactiva Open Arms. En este tiempo, en el que fueron rescatadas miles de personas, solo ha visto, sin embargo, dos guardacostas italianas y un helicóptero.

¿Cómo explicaría al ministro de Interior, Juan Ignacio Zoido, todo esto que ha visto tras las declaraciones que ha realizado contra las ONG?

Le explicaría que sin el trabajo de media docena de ONG, incluida Proactiva Open Arms, el Mediterráneo sería aún más rojo con la sangre de un mayor número de muertos. Sus declaraciones son lamentables y demuestran una falta de empatía con personas que huyen de tragedias bélicas o económicas y arriesgan sus vidas por las rutas más peligrosas controladas por traficantes de seres humanos. Y ya que la Unión Europea es incapaz de cumplir con sus obligaciones como institución, por mucho premio Princesa de Asturias de la Concordia que reciba, que al menos no insulte a los trabajadores humanitarios que intentan evitar más muertes … “ (para seguir leyendo el artículo pincha en este enlace)

Además de este artículo puedes encontrar:

  • ASPA 30 años, 30 poemas de mujeres del mundo: ”Hogar” de Warsan Shire
  • Presentación del libro-comic “Gestrudis, la recovera” de nuestro compañero Luis Pernía Ibáñez, el día 26 de julio, miércoles a las 19,30 horas en Málaga.

de Sur a Sur, nº 104: Serrat tendrá que reescribir “Mediterráneo”

A unos días de fin de año, 2016 será el más mortífero en el Mediterráneo, según Naciones Unidas. Las cifras demuestran que durante este año se ha triplicado el número de personas que ha fallecido cruzando este mar, frente a los datos de 2015.

Al menos 4.200 inmigrantes han muerto o han sido declaradas desaparecidas, este año, en su intento de cruzar el Mediterráneo, frente a los 3.175 que perdieron la vida en el mismo periodo del año anterior.  El alto número de muertes contrasta con una fuerte caída del número de personas que ha cruzado este año el Mediterráneo: 327.800 en lo que llevamos de 2016, frente a 1.015.078 en 2015, según cifras recabadas por la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR).

Estas cifras muestran que durante 2016 un tercio más de personas han muerto cruzando el Mediterráneo que durante 2015, o lo que es lo mismo, por cada 269 personas que llegaron a Europa el año pasado una murió, mientras que este año esa cifra ha sido de una de cada 88. De hecho, si se toman los fallecimientos ocurridos exclusivamente por la ruta occidental, situada entre Libia e Italia, la tasa de decesos ha sido de una de cada 47 llegadas.

Precisamente, esta ruta es una de las principales causas del aumento de las muertes, dado que es mucho más larga y peligrosa que la oriental, situada entre Turquía y Grecia, que fue la más utilizada en los cruces de 2015. Durante 2016, más de la mitad de los cruces se han hecho por la ruta occidental. Además, otra de las causas es que los barcos usados para realizar las travesías son cada vez más precarios y al mismo tiempo los traficantes de personas los llenan hasta el límite. Otro cambio de tácticas que hemos detectado en los últimos tiempos es que los traficantes envían varias embarcaciones repletas de inmigrantes al mismo tiempo, con lo que las tareas de rescate se complican mucho más al haber literalmente miles de personas a rescatar al mismo tiempo.

Menos llegadas, pero más muertos. Con una constatación  que añadir: el año pasado el mercado de la seguridad fronteriza movió 15.000 millones de euros en Europa. Un aumento en medios militares, que si sigue así, en 2022 será casi el doble, 29.000 millones.

¿Menos llegadas, más seguridad fronteriza, más muertos? Una combinación de elementos que coincide y valida una de las tesis defendida por la jurista francesa Claire Rodier (La Rochelle, 1956): “todas las muertes en las fronteras son la consecuencia directa de las políticas de cierre y externalización”. Cofundadora de la red euro-africana Migreurop, que reúne a unas cuarenta organizaciones del sur y el norte del Mediterráneo, Rodier publicó, en España, en 2014, El negocio de la xenofobia, un libro en el que denuncia el aumento exponencial desde los años 2000 de los sistemas de vigilancia y control de fronteras en la UE, su ineficacia y los intereses económicos y empresariales que subyacen tras ellos. … Para leer el artículo completo pincha en este enlace

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Boletín de Sur a Sur, nº 61: El Mediterráneo, de autopista de culturas a fosa común

El Mediterráneo, que fue durante siglos, autopista de culturas, se ha convertido en los últimos 15 años en un cementerio para más de 20.000 emigrantes y refugiados que buscaban protección y una vida mejor en Europa.

DSC_0229El acento de esta situación dramática lo ha puesto el naufragio de un pesquero en aguas del Canal de Sicilia, entre las costas de Italia y Libia, en la madrugada del domingo, día 19, causando la mayor tragedia ocurrida en el Mediterráneo en las dos últimas décadas, con cerca de 700 personas desparecidas.

Venían hacinados en un pesquero de 30 metros de eslora, entre ellos había bebés, niños y adolescentes. Al entrar en pánico, tendieron a pegarse unos a otros, como hacemos todos los animales cuando buscamos protección, y desde ese lado de la desesperación volcaron su ataúd flotante. De esas 700 personas no hemos visto ni una cara, y de las 28 que han podido ser rescatadas apenas hemos vislumbrado a una mujer con un bebé en los brazos, que era conducida por un agente a algún lugar incierto.

Si se confirman las cifras de la catástrofe de esta nueva tragedia, en lo que va de año habrían muerto 1.500 inmigrantes en el Mediterráneo, a los que habría que sumar los de la nueva jornada trágica, también en las aguas del Mediterráneo, del día 20, donde al menos tres personas han muerto al encallar una embarcación con unos 200 inmigrantes a bordo ante las costas de la isla griega de Rodas, en el archipiélago del Dodecaneso. Hay que recordar que según la Agencia Europea de Fronteras (Frontex), la UE registró en 2014 una cifra récord de 270.000 inmigrantes llegados en situación irregular.

La envergadura de un drama humano, sin precedentes, ha provocado la repulsa de las organizaciones sociales, que llevan lustros reclamando más medios; y del Papa, que pidió a la comunidad internacional actuar con “decisión y rapidez”. Quien no ha reaccionado con determinación es la UE, que estos días celebra una reunión conjunta de los ministros del Interior y de Exteriores, pero que aún no ha sido capaz de articular una política migratoria global, estable y eficaz. Ya en octubre, Amnistía Internacional y las principales ONG advirtieron de que “el mundo se enfrenta a la peor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial, y la UE debe garantizar una sólida capacidad de búsqueda y salvamento”.

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¿Cuántos muertos serán necesarios para que Europa tome conciencia del drama de su frontera sur?

Mientras en Europa nuestras conciencias dormían tranquilas, y nuestras ambiciones seguían agitadas pensando en cómo resolver los problemas materiales provocados por la crisis, 700 personas perdían la vida ahogando sus miedos y sueños en uno de los cementerios más grandes del mundo, el Mediterráneo.

Sin título1Embarcadas en Libia rumbo a Italia en un pesquero repleto de desesperados, han muerto ahogadas durante la madrugada del día 19, en la peor tragedia en el mar Mediterráneo que se recuerda desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Ventiocho sobrevivientes fueron rescatados por el mercante portugués “King Jacob”, que se acercó a prestar ayuda a los pasajeros del pesquero, que había lanzado una llamada de socorro a la medianoche.

Se trata de la peor tragedia migratoria de la historia reciente del Mediterráneo, superando a la sucedida en Lampedusa en octubre de 2013, donde casi 400 personas perdieron la vida en las puertas de Europa. El pesquero zozobró a unas 60 millas (110 kilómetros) de las costas libias y a unas 120 millas náuticas al sur de la isla de Lampedusa.  La causa del hundimiento fueron los movimientos de las propias víctimas al acudir  todas al mismo flanco de la nave cuando vieron acercarse el mercante portugués King Jacob, desequilibrándola y haciéndola dar una “vuelta de campana” con resultados catastróficos.

En poco mas de una semana se han producido otros dos naufragios que han causado 450 muertos. Desde comienzos del año se contabilizan  1500 inmigrantes ahogados en su intento de llegar a las costas de las islas italianas. Es una cifra sin precedentes, que se inscribe en el aluvión de personas en situación límite, sobre todo africanos, llegados hasta las costas de Libia tras viajar desde el sur del desierto de Sahara  durante dos meses, para acometer el viaje de la esperanza hacia una vida mejor.

Los italianos afrontan solos la situación. En dos semanas, los italianos han salvado en el mar a más de diez mil prófugos y protestan por la insuficiencia de la ayuda que deben proporcionar los otros países europeos, que miran para otro lado. Está en funciones un “plan Tritón” de la Unión Europea, que carece de recursos, medios navales y aéreos, de personal especializado y de grupos médicos. Continuar leyendo