¿De qué se compone la solidaridad?

Pensar que el escenario político actual en España se presenta como el mayor acto de canibalismo partidista ante la urgente necesidad de aprobar los presupuestos generales que necesitan todas las regiones, todas las instituciones y todas las familias para soportar el duro invierno y lo que vendrá en 2019.

En el campo de la cooperación que nos compromete como organización, es tan bien una cuestión vital. En la Plataforma Pobreza Cero se ha levantado este año la campaña contra la desigualdad obscena que está construyendo el actual modelo de acumulación europea ampliando la brecha entre grupos muy ricos y amplios sectores muy pobres o precarizados, sin olvidar la presión y explotación de los agrosistemas locales y los ecosistemas en los siempre denominados “países en vías de desarrollo”.

El 2019 será un año de grandes retos como ONGD, si en los PGE de renovarse la versión del PP se mantendrán los profundos recortes en el campo de la cooperación internacional, ya estancada en menos del 0.3% del PIB oficial, pero como movimiento de solidaridad internacional se han de sortear las barreras administrativas de las distintas convocatorias para proyectos en países priorizados.

Las miles de organizaciones y contra-partes locales en los países receptores de ayuda oficial al desarrollo, bien por mecanismos centralizados o descentralizados, dependen en su mayoría de los proyectos y transferencia de fondos para soportar las infraestructuras, personal y actividades con los grupos vulnerables y en las duras realidades y entornos degradados que se pretenden transformar.

ASPA mantiene un firme compromiso con organizaciones en Ecuador, Togo, Bolivia, Perú y Nicaragua que precisan definir su actual estructura de costes para la agenda 2019. Igualmente las comunidades y grupos vulnerables pueden verse afectados seriamente de no continuar recibiendo las ayudas para sus actividades mínimas. Esto no representa de ninguna manera mecanismos de dependencia, sino al contrario, que se han superado las condiciones iniciales que dieron partida a los puentes de cooperación y solidaridad internacional, y que ahora se mantienen y se amplían a otros sectores de incidencia directa.

La solidaridad, en sí misma, contiene un profundo espíritu de esperanza y transformación que se forja en situaciones de injusticia e impotencia, de eso ASPA tiene una fragua con una llama encendida desde hace más de tres décadas, que sabe que ahora, por muy fuerte que soplen los vientos de la codicia, no es el momento de apagarla.

Manuel Suárez, voluntario de ASPA

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