Ante el gran desconcierto

Como el personaje de la película de John Ford “Las uvas de la ira” (1940) sentimos un gran desconcierto y como si también hubiéramos caído erróneamente en lo que creíamos que era el paraíso.

Así eran nuestras sensaciones en la reunión que tuvimos recientemente entre Meninos de la Rua y ASPA para llevar a cabo dos proyectos en Fortaleza (Brasil), uno de microcréditos y otro de prevención del VIH. Porque en nuestra conversación salió a colación el surgir de los gobiernos de extrema derecha tanto en Brasil como en nuestra Andalucía cuyo punto de inflexión es “el peligro son los otros”. En el caso brasileño nuestro compañero Javi García, que lleva muchos años trabajando con las personas más desfavorecidas en Fortaleza, apuntaba con dolor, que Bolsonaro ha puesto el punto de mira en demonizar las personas del LGTB con consecuencias imprevisibles, porque solo en 2018 en Fortaleza han sido asesinas siete personas por el hecho de ser transexuales; pero que en mismo punto de mira están los negros, los indígenas y en general la gente empobrecida.

Efectivamente somos conscientes que vivimos un gran desconcierto. Un desconcierto generalizado. El caso es que el modo con el que afrontamos este desconcierto alimenta un populismo de tics autoritarios y fortalece las políticas que buscan el proteccionismo económico. Todo ello conlleva un repliegue de la solidaridad y la búsqueda de seguridad y soluciones fáciles y deriva la atención hacia algún “chivo expiatorio” como pueden ser las personas migrantes. Roto el pacto social sobre el que se construyó el orden liberal asistimos a un repliegue a nivel político, social y cultural. Una especie de desglobalización obcecada por el interés particular que nos aleja de un interés por el bien común universal.

Divorcio entre poder y política

El hecho de que las grandes corporaciones económicas gobiernen por encima de las instituciones nacionales ha llevado efectivamente a un divorcio entre poder y política. Esto explica, como ha manifestado Zygmunt Bauman en “Tiempos Líquidos” (2008), a la anulación del ámbito institucional para fijar reglas a unos problemas de clara dimensión transnacional como pueden ser la ecología, la movilidad humana o la fiscalidad. La democracia es algo que se considera lo menos malo, pero que cada vez está más vacía de contenido. La consecuencia de todo esto es un cada vez más intensa hostilidad hacia la gestión política y  de quienes la llevan a cabo.

El fantasma del populismo

El fantasma es un engendro ficticio, pero que funciona y este engendro del populismo se está manifestando con gran fuerza recabando cada vez más adeptos. La sábana del populismo se mueve de manera muy asequible apelando a un “nosotros contra ellos”. Este reclamo al pueblo es curioso, como en el caso de Trump, que gobierna con políticas antisociales y regresivas, pero que desembarcan sutilmente en el enriquecimiento de un selecto grupo que le aupó al poder. Parece que cuanto mayor es el disparate mayor número de adeptos salen a cara descubierta a festejar el aquelarre.

Con un relato xenófobo que está calando

Como el agua en una piedra caliza el mensaje xenófobo cala al realizar un análisis perverso de la situación al insistir en que nuestra identidad está amenazada y señala con el dedo al otro, al extranjero. De hecho en la carta de los Reyes Magos de los nuevos mandatarios andaluces se incluyen 19 medidas, entre las que destacan la expulsión de 52.000 inmigrantes; fijar el 2 de enero, día de la reconquista, como la fiesta de la comunidad autónoma; derogar leyes contra la violencia de género o de igualdad de trato de las personas LGTBI, implantar el ‘pin’ parental para que los padres puedan controlar los temarios de sus hijos, y devolver al Estado las competencias de educación, sanidad, justicia y orden público; sin olvidar la creación de una Consejería de la Familia, la prevención del fundamentalismo islámico, la promoción de la escuela católica concertada, el rechazo de la memoria histórica o la exaltación de la caza y la tauromaquia.

Propuesta de una globalización alternativa

Habrá que hacer frente al ruido de la extrema derecha, ese ruido que viene de la profundidad rocosa de España, de la crueldad y de la incultura. Porque no se puede silenciar el ruido. No podemos pensar en una globalización alternativa, pero sí en la propuesta de unos principios alternativos que se nutran en la preocupación por la justicia universal y por el bien común. Un horizonte no marcado por las cifras macroeconómicas, sino sobre la situación de los excluidos y de los que están más abajo en la escala social. Algo que nos lleve a nuevos relatos que superen el conflicto actual del capital contra la vida, que narren historias que nos saquen de este sistema injusto y que nos doten de sentido para el cambio.

Como dice Hölderlin allí donde crece el peligro, crece también lo que nos salva. Y ante proyectos mesiánicos y amenazadores de los derechos fundamentales, como los que están surgiendo en el espectro político, buscar alternativas para transitar de un sujeto egocéntrico y de una libertad entendida como contraria a la libertad del otro a una persona madura, comunitaria y a una libertad que sea la garantía de la libertad del otro.

 

Luis Pernía Ibáñez

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