5M, la Abrazada de los Pueblos

El 5 de mayo nos hemos unido a las acciones simultáneas en diferentes lugares de Andalucía (y Europa). Un abrazo fraterno y solidario entre los pueblos, que supera muros y camina hacia un mundo sin fronteras, sin guerras y sin ejércitos

Las fuerzas de extrema derecha y neofascistas están ganando terreno entre importantes sectores de la población europea, arrojando olas de odio sobre las personas migrantes y refugiadas, a quienes culpan de los males de nuestras sociedades. Este fenómeno incrementa las políticas migratorias injustas como las devoluciones en caliente, las expulsiones masivas o el cierre de las fronteras que arrojan a la muerte a decenas de miles de migrantes en las aguas del Mediterráneo, en los desiertos de África y en otros lugares sin nombre, negándoles el derecho a migrar, derechos humanos básicos y la propia vida.

Ante esto, y en el marco de las próximas elecciones europeas, ha nacido la iniciativa 5M, la Abrazada de los pueblos (https://5m5.eu), precisamente, para reivindicar la acogida en Europa y defender a las personas migrantes y su derecho a desplazarse libremente, y denunciar el neofascimo. Por ello, el 5 de mayo a las 12 de la mañana en distintos lugares de Europa se organizaran acciones para difundir reivindicar estos principios.

Dentro de esta iniciativa, el antimilitarismo está teniendo un papel importante. Las guerras están estrechamente relacionadas con las migraciones forzadas, y el movimiento antimilitarista lleva años empujando la historia hacia un mundo desmilitarizado y en paz donde no tengan cabida las guerras, los gastos militares, los ejércitos ni las fronteras.

La guerra es un crimen contra la Humanidad. La construcción de un mundo justo conlleva, ineludiblemente, no apoyar ninguna guerra y luchar por la erradicación de todas sus causas. Sin embargo, los gobiernos occidentales malgastan miles de millones de euros al día en gastos militares generando directa o indirectamente guerras de diverso tipo para defender sus intereses. Así, detrás de toda guerra hay intereses económicos o geoestratégicos de gobiernos o transnacionales, y los ejércitos son, precisamente, el instrumento para garantizar esos intereses, independientemente del sufrimiento humano que generen.

El sufrimiento que ocasionan los ejércitos es indescriptible. Las guerras provocan muerte y destrucción allá donde llegan, suponen una violación flagrante de los derechos humanos y fuerzan desplazamientos humanos. De hecho, los conflictos bélicos y sus consecuencias a corto y medio plazo son la principal causa de las migraciones forzadas en el mundo. Cada año millones de personas abandonan sus hogares huyendo de la guerra y la violencia. Entre ellas, las mujeres viven procesos migratorios especialmente crueles, siendo víctimas silenciadas de violaciones y de trata.

Mientras, los gobiernos occidentales se dedican a levantar muros de iniquidad para evitar que esas personas puedan salvarse y rehacer sus vidas. La ingente inversión en impedir la migración de estas personas mediante la vigilancia, la construcción de muros, la instalación de concertinas… resulta obscena en comparación con el dinero destinado a ayudarlas –a veces simplemente para evitar que mueran–. De hecho, los gobiernos de los países enriquecidos y parte de la ciudadanía parecen olvidar que esas personas normalmente huyen de realidades donde la muerte y miseria han sido inducidas o creadas previamente por Occidente.

Sin embargo, aunque se planifican meticulosamente en lujosos despachos de élites poderosas, las guerras empiezan en nuestros barrios, en nuestros pueblos. En ellos hay empresas que se dedican al diseño y fabricación de armas, muchas veces financiadas con nuestros impuestos a través de subvenciones o exenciones de los mismos. Además, estas empresas utilizan nuestras infraestructuras (carreteras, puertos, aeropuertos…) para transportar y vender esas armas al mejor postor que las utilizará en guerras presentes o futuras. Y estas armas, diseñadas o fabricadas aquí, destruirán pueblos y ciudades, y matarán personas, amparadas o no en la legalidad.

En la misma línea, los gobiernos, respaldados por los votos, destinan anualmente ingentes recursos económicos a gastos militares para adquirir armamento y sostener un ejército bajo falaces argumentos como la defensa del terrorismo o las misiones de paz. Encargar a un ejército una misión de paz es similar a enviar a un pirómano a sofocar un incendio. Según el SIPRI, el gasto militar mundial ascendió a 1,74 billones de dólares en 2017. Debemos preguntarnos qué mundo estamos construyendo con tanto dinero dilapidado en preparar la guerra y, a la vez, qué mundo podríamos crear dedicando todos esos recursos a construir un mundo en paz, sin guerras y sin ejércitos, solucionando los conflictos de forma noviolenta.

Por todo ello, el movimiento antimilitarista apoya la iniciativa 5M, la abrazada de los pueblos, para denunciar las guerras y sus consecuencias. Las víctimas de los conflictos armados siguen siendo las de siempre: la sociedad civil, los pueblos, la gente, en todos los bandos; mientras, hay quienes se frotan las manos y se llenan los bolsillos gracias a la muerte y al sufrimiento que generan. Corren malos tiempos para la paz en el mundo, corren malos tiempos para la gente sencilla. Extendamos un abrazo fraterno y solidario entre los pueblos y entre sus gentes que supere fronteras y muros, y gritemos a pleno pulmón hasta reventar los tímpanos de la iniquidad: No a las fronteras, a ninguna frontera. No a las guerras, a ninguna guerra. No a los ejércitos, a ningún ejército. No al gasto militar, a ningún gasto militar. No a la fabricación y exportación de armas, de ningún arma. Abajo los muros. Para la guerra, nada.

Las guerras empiezan aquí, en nuestros barrios y pueblos, se hacen con nuestros impuestos. Podemos pararlas aquí, debemos pararlas aquí. Denunciemos toda iniciativa y medida que apoye la preparación de la guerra y la violación de los derechos humanos, y generemos alternativas de paz mediante la noviolencia y la desobediencia. La guerra empieza aquí, parémosla aquí.

Públicado en El Salto

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