¿Refugiados climáticos?

Un reciente análisis sobre migraciones a 16 países de la OCDE, entre 1980 y 2015, concluye que, en los países de origen el cambio climático es su motor más importante.

No hace falta utilizar mucha imaginación para entender las consecuencias del cambio climático y su incidencia en las migraciones. El cine ya nos dio, hace algunos años, una idea de lo que podría llegar a ser el mundo en un futuro, en la película Waterworld, donde Kevin Costner busca cómo sobrevivir en un planeta en el que los casquetes polares y los glaciares se ha derretido totalmente y el nivel del mar ha aumentado cubriendo casi toda la tierra.

Porque ya nadie duda que el cambio climático y sus efecto en las condiciones de vida de las personas en las próximas décadas, se convierta en un factor fundamental en los motivos de movilización y desplazamientos de personal entre países.

Habida cuenta de estas repercusiones y sabiendo que la actual dinámica migratoria global se en dentro de un escenario de crecimiento a medio y largo plazo, diversidad proyecciones coinciden que, en el 2050, habrá 334 millones de personas migrantes a nivel global en buena parte por causa del factor climático.

Así un reciente análisis sobre migraciones  a 16 países de la OCDE, entre 1980 y 2015, concluye que en los países de origen, el cambio climático es su motor más importante.. “Hay pruebas sólidas de que la migración es fundamentalmente una estrategia de adaptación a los efectos del cambio climático”, afirman los autores en el estudio. El calentamiento global “hará que algunas zonas unas sean insostenibles”, aseguraba el investigador principal, Dennis Wesselbaum, de la Universidad de Otago (Nueva Zelanda), y añadía “El cambio climático es más importante para las migraciones que los factores  económicos y políticos en los países de origen”.

Por su parte un informe de la ONU sobre desplazamientos, en 2018, indica que el cambio climático se deja notar de múltiples maneras: sequias, precipitaciones torrenciales o inundaciones, y el impacto en zonas depauperadas se traduce en la perdida de la forma de vida de miles o millones de personas. El cambio climático destruye cosechas, mata rebaños o hace invivibles áreas enteras. En el mismo sentido un último estudio sobre las migraciones desde 198 países de origen a 16 estados miembros de la OCDE, entre los años 1980 y 2015, señala que las temperaturas más altas y el número cada vez mayor de desastres naturales relacionados con el clima en los países de origen son factores fundamentales en el aumento de los flujos migratorios.

Según el Centro de Monitoreo de Desplazamientos Internos, en 2018, se registraron 17 millones de nuevos desplazamientos relacionados con desastres naturales y con los efectos del cambio climático, mientras que otro informe elaborado por el Banco Mundial asegura que el cambio climático expulsará de sus hogares a 140 millones de personas en los próximos 30 años.

En general, todas esta investigaciones concluyen que, si no se toman medidas urgentes contra el cambio climático, más de 143 millones de personas emigrarán dentro de sus países de aquí a 2050. Lo harán en  África Subsahariana, Asia Meridional y América Latina, tres regiones del mundo densamente pobladas, con 86, 40 y 17 millones de desplazamientos estimados, respectivamente. Dentro de ellas, las zonas más empobrecidas y sensibles a las consecuencias del cambio climático serán las más afectadas. En Bangladesh, por ejemplo, uno de los países analizados en detalle junto a Etiopia y México, se apunta que alrededor de 20 millones de personas en las costa están teniendo ya problemas de salud por el agua salada presente en los suministros de agua potable como consecuencia del nivel del mar.

Es necesario tomar medidas. Sin planificación y apoyo adecuados, quienes se desplacen de las zona rurales a las ciudades podrían tener que afrontar nuevos riesgos, y las personas migrantes que migren de un país a otro tendrán igualmente muchas dificultades. Alguna de las medidas a tomar  son las energéticas buscando alcanzar el objetivo del Acuerdo de París de limitar el aumento dela temperatura media mundial a final de siglo por debajo de 2 grados centígrados.

En este sentido es también importante el reconocimiento del status de refugiado climático. Respecto a esto, el Alto Comisariado de las Naciones Unidad para los Refugiados (ACNUR), anunció el pasado año la creación de un grupo de trabajo para abordar esta cuestión y, el pasado mes de diciembre, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó el Pacto Mundial para los Refugiados, en el que se reconoce que “el clima, la degradación del medio ambiente y los desastres naturales interactúan cada vez más como impulsores de los desplazamientos de refugiados”. Sin embargo, a pesar de este reconocimiento explicito, las instituciones internacionales no respaldan el término “refugiado climático”. Este figura no existe en el derecho internacional, ya que la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 incluye solo a las personas que han cruzado una frontera “por temor fundado a ser perseguidos por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un determinado grupo social y opinión política.”

Desde la ONG Ecologistas en Acción valoran como “positivo” el informe de la ONU por poner de relieve el cambio climático como impulso de la migraciones y lo mismo que otras organizaciones sociales creen necesario el reconocimiento del llamado “refugiado climático”, para lo cual habría que revisar la Convención de Ginebra de 1951 y adaptarla al momento.

Artículo de Luis Pernía Ibáñez, presidente de la Asociación Andaluza por la Solidaridad y la Paz (ASPA), publicado en el Diario Sur

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