Desde El Paso a Palestina, el supremacismo se globaliza

Desafortunadamente, el tiroteo en El Paso es parte de una cadena aparentemente interminable de asesinatos de masa en los Estados Unidos, que apuntan principalmente a minorías; personas negras, judías y ahora a la población latina. Lo que me hizo parar a reflexionar esta vez en particular fue la razón dada por el asesino blanco: “una respuesta a la invasión hispana de Texas”.

Lo absurdo es evidente. Desde que la población indígena fue limpiada étnicamente cientos de años atrás, El Paso ha sido y está siendo “hispanizada”; hasta incluso su nombre. ¿Cómo una persona blanca puede reclamar que este lugar está siendo invadido por “hispanos”? Al mismo tiempo, para alguien que trabaja con movimientos palestinos desde hace décadas, esto es demasiado familiar.

Uno de los eslóganes preferidos en la actual campaña electoral del exministro de educación de Israel, Naftali Bennett, es la afirmación de que “los palestinos están robando el territorio de nuestro país”. El argumento parece no afectar el hecho de que se suponía que Israel debía establecerse en el 56% de lo que fue hasta entonces Palestina, se fundó en el 78% de Palestina y hoy controla toda Palestina, dejando a la población palestina acceso efectivo a solo el 13% del territorio.

Las similitudes de las declaraciones no son coincidencia y los supremacistas estadounidenses, a los que pertenece el asesino de El Paso Patrick Wood, no lo niegan. Richard Spencer, líder supremacista blanco y organizador del mitin de Charlottesville en 2017, donde la activista antirracista Heather Heyer fue asesinada, trazó el paralelismo entre sus teorías supremacistas blancas y la ideología fundacional de Israel, el sionismo. En una entrevista a uno de los principales canales de televisión de Israel se definió como “sionista blanco”, explicó que “quiero que tengamos una patria segura que sea para nosotros y para nosotros mismos. Justo como ustedes quieren una patria segura en Israel”.

En una lógica en la que los derechos son para un ‘nosotros’, definido en términos raciales, religiosos, étnicos u otros términos de exclusión, el ‘otro’ se convierte en un ‘invasor’ en una estructura nacional basada en la pureza y la superioridad. El otro no sólo pierde sus derechos y la condición de ser reconocido como ser humano, su propia existencia está siendo criminalizada. Esto casi inevitablemente conduce a sufrimientos dramáticos e infinito derramamiento de sangre.

Patrick Wood tenía una ametralladora AK47. Israel tiene el quinto ejército más poderoso del mundo a su disposición y tiene el índice de militarización más alto a nivel mundial.

Desde hace décadas, las personas palestinas han sido sometidas y se enfrentan a los resultados de esta lógica. Desgraciadamente, el mundo no sólo no ha logrado detener el régimen de apartheid de Israel, sino que el mismo paradigma ahora se está globalizando: desde la extrema derecha supremacista en los Estados Unidos, con la cual Donald Trump está coqueteando, hasta India, donde el partido del Gobierno ha comenzado una guerra brutal contra toda población no hindú, a la derecha neofascista de Europa desde Hungría a Italia y a Brasil, donde Jair Bolsonaro ha desarrollado su propia marca de ideología racista y misógina. Todos estos líderes y corrientes políticas se reconocen en las prácticas israelíes.

Si bien los valores liberales que acompañaron el paradigma económico del neoliberalismo han dominado la mayor parte del mundo en las últimas décadas, las ideologías nacionalistas y supremacistas se han ido desarrollando y fortaleciéndose en la ideología estatal de Israel, el nacionalismo del siglo XIX devenido régimen de apartheid en el siglo XXI. Convenientemente, Israel incluso ha logrado conjugar esa ideología con políticas económicas neoliberales.

Por lo tanto, no sorprende que las extremas derechas de los supremacistas, que están ganando terreno a medida que las personas buscan alternativas en medio de la crisis económica en curso, ven a Israel como una inspiración y socio natural.

Estas extremas derechas comparten con Israel una ideología racista que últimamente ya no está oculta. Israel ha declarado desde hace mucho tiempo a los palestinos una “amenaza demográfica”, terroristas por nacimiento. Desde el año pasado, Israel se declaró oficialmente un Estado solo para personas judías y el ministro de Defensa israelí declaró poco antes que en Gaza “no hay personas inocentes” y, por lo tanto, se justifica el fusilamiento de civiles por francotiradores israelíes.

Del mismo modo es suficiente ser migrante (o “hispano”) para ser asesinado a balazos en los Estados Unidos o que los dejen ahogar en el mar Mediterráneo. No es más necesario apuntar a terroristas o subversivos u otras amenazas externas. Ser migrante, ser diferente es suficiente. Ya no importa lo que hagas ni lo que pienses, sino quién eres. Regresamos al Ku Klux Klan.

Para Israel, el resurgir global de estos desvalores significa la legitimación de sus políticas, y donde las fuerzas de extrema derecha están en el poder, lleva a contratos lucrativos para su industria de armas.

En el marco de estas visiones exclusivistas y racistas, Israel ofrece métodos y tecnología de punta.

Los muros para excluir a los “otros” o detrás de los cuales encarcelarlos se tornaron símbolos de nuestros tiempos. Y, en efecto, siguiendo el modelo de construcción de Israel de su Muro del apartheid en Palestina, hoy en día hay más de 70 muros que militarizan las fronteras o roban las tierras de pueblos en todo el mundo.

Elbit Systems, una de las compañías militares más grandes de Israel y contratista para el Muro de Israel, está construyendo el muro de los EE.UU. desde 2006. Los drones asesinos, que Israel desarrolló durante los masacres en Gaza, fueron utilizados primero por los EE.UU. para militarizar su frontera con México. Desde hace unos años, también México los usa en su frontera del sur.

El uso de armas de guerra contra civiles considerados enemigos y la vigilancia continua para localizar a ese “otro” amenazador entre nosotros, son otros elementos necesarios de este nuevo orden mundial.

El pueblo palestino sabe que su lucha y sus muertos están relacionados con muchas personas que en todo el mundo pierden la vida a través de las mismas armas y tácticas israelíes. Su lucha por la libertad, la justicia y la igualdad no es solo una cuestión de su propia autodeterminación, sino cada vez más una prueba de fuego para la humanidad.

Cuando la sociedad civil palestina llama a BOICOT, DESINVERSIONES Y SANCIONES a Israel a nivel ideológico, económico y militar, sabe que este corte de lazos de complicidad no solo ayudará al pueblo palestino a alcanzar la justicia, sino que contribuye también a detener la ‘israelización’ del mundo.

Nosotras, física e ideológicamente al otro lado del Muro, tenemos la tarea de luchar y construir alternativas. Por esto, en 2017, movimientos palestinos y mexicanos iniciaron el llamado a un Mundo Sin Muros que ya ha sido respaldado por más de 380 movimientos y redes globales en todo el mundo.

La única invasión que es urgente combatir es la del racismo y el odio que crece detrás de los muros.

 

Maren Mantovani es coordinadora de relaciones internacionales de la Campaña Palestina contra el Muro de Israel (Stop the Wall) y coordinadora de relaciones internacionales de la Coalición de Defensa de la Tierra, una red de movimientos sociales palestinas. Es miembro de la Secretaría Internacional del Comité Nacional Palestino de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS). Ha publicado varios estudios sobre el papel de Israel en el sur global. Sus artículos e intervenciones se publican en varios idiomas.

Fuente original: http://virginiabolten.com.ar/internacionales/desde-el-paso-a-palestina-el-supremacismo-se-globaliza/

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