Calles verdes, calles de juventud y de esperanza

El viernes, 27 de septiembre, las calles y plazas de ciudades de toda España se han cubierto de reivindicación, de lucha y compromiso intergeneracional en la defensa de nuestro planeta, ese en el que vivimos y que hoy se enfrenta a la amenaza de un cambio climático y un brutal calentamiento global que amenaza con poner fin a la vida en la tierra como la conocemos. No caben así ya dudas sobre la realidad o no de un fenómeno confirmado por la comunidad científica internacional y contrastado por organismos internacionales como la Organización de Naciones Unidas frente al negacionismo interesado o de pánfilos atolondrados de quienes niegan la que es la mayor batalla a la que la humanidad se ha enfrentado.

Así, podemos afirmar que los efectos del cambio climático y el calentamiento global son una realidad. Un hecho que, de ir a más, aumentado la temperatura en torno a los cuatro grados, podría producir en los próximos años (2050-2100) efectos negativos en la población humana, la economía, los océanos y mares, y la biodiversidad del planeta. Por ello, no queda tiempo ya, ni para discursos floridos, ni para posturas de perfil por parte de los gobiernos, las empresas y la propia ciudadanía, responsable esta última desde el poder de decisión en el consumo frente a este proceso y del voto frente a los gobernantes de exigir los cambios necesarios para dejar un mundo mejor a quienes nos precedan, víctimas si cabe de la irresponsabilidad de un desarrollismo y progreso que en las últimas décadas a impulso el crecimiento del PIB de los países desarrollados y en vías de desarrollo a costa de la destrucción del medioambiente . De lo contrario, de no hacer nada, la realidad superara a la ficción alguna vez imaginada y las consecuencias de la inacción no tardaran en aparecer de manera dramática a partir del 2030 , siendo solo algunas las del aumento de la mortalidad en la población vulnerable al calentamiento global, la desertificación y aumento de las sequías extremas en diferentes partes del planeta -entre ellas España que verá cómo el 20% de su territorio será un Sahara permanente-, aumento de incendios, el aumento del hambre ante la esquilmación de los recursos hídricos y agrícolas, la acidificación de los mares como consecuencia de los deshielos en los casquetes polares con el impacto en la fauna, la pesca y las corrientes, el aumento de los fenómenos de lluvias torrenciales y huracanes en zonas del planeta como EEUU, Asia y Norte de Europa ,el Impacto en la agricultura y la ganadería, con una reducción de cultivos y el empobrecimiento de zonas vulnerables o la desaparición de zonas costeras y ciudades por el aumento del nivel del mar serán así algunas de las señas de identidad de un planeta en donde millones de personas emigraran o morirían por falta de los recursos básicos para su subsistencia.

Y frente a esta cruel realidad, la de las SOLUCIONES , la de la apuesta por el decrecimiento, por el consumo responsable en la sostenibilidad, por la lucha y la prohibición en relación a productos o servicios nacidos de la industria contaminante, el fin de la utilización de los combustibles fósiles, el impulso por la economía circular y la racionalización de los recursos, la creación de programas de recuperación de zonas degradadas por el calentamiento global, la protección internacional de los espacios como el Amazonas, la Antártida y todos aquellos que se enmarcan en pilares fundamentales para una humanidad hoy en crisis. El definitiva, medidas fundamentales por las que ayer miles de familias salimos a las calles para clamar que OTRO MUNDO ES POSIBLE.

Fuente: Josu Gómez Barrutia, Diario 16

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