Ernesto Cardenal, en el corazón

El 1 de marzo moría el nicaragüense Ernesto Cardenal, a los 95 años, en un hospital de Managua a causa de problemas cardiacos, renales y respiratorios. Su muerte ha causado una profunda tristeza en ASPA, nuestra asociación, pues en sus orígenes, allá por el año 1987, hubo una profunda vinculación con la Nicaragua de Ernesto Cardenal. ASPA nació al calor de los sueños de un mundo mejor de la Nicaragua de la década de los años ochenta donde Ernesto Cardenal tenía un marcado protagonismo en el proyecto sandinista y donde su aporte generoso a la lucha del pueblo nicaragüense fue clave.

Cardenal está considerado como uno de los últimos autores más prestigiosos de América Latina. Sus obras han sido traducidas a más de 20 idiomas y han recibido reconocimientos internacionales como la orden Legión de Honor en Grado de Oficial del Gobierno de Francia. Con su muerte, Nicaragua pierde a su mayor referente literario después de Rubén Darío. La última aportación al mundo de este poeta que se caracterizó en sus últimos años por su barba blanca y su boina calada, fue un volumen de más de 1.200 páginas en las que recopiló su poesía completa.

Además la vida de Cardenal trascendió no solo por ser uno de los poetas más importantes de Hispanoamérica, que le hizo ganar el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en 2012, sino por promover la Teología de la Liberación en América Latina. Nacido en la ciudad nicaragüense de Granada el 20 de enero de 1925, Cardenal fue también sacerdote, escultor, teólogo y hasta Ministro de Cultura en el Gobierno tras el triunfo de la Revolución Sandinista contra la dictadura de Somoza.

Ernesto Cardenal, fue para nosotros y para muchas otras personas una de las voces más valientes y críticas de la sociedad posmoderna. Había cumplido 95 años, y vivía retirado en el exilio interior de su casa de Managua pero todavía escribiendo. Recordamos uno de sus mejores libros, “Oración por Marilyn Monroe” publicado nada menos que en 1984, el mismo año en que el papa Juan Pablo II prohibió a Cardenal administrar los sacramentos, suspendiéndole en sus funciones de sacerdote por ejercer la política como Ministro de Cultura del Frente Sandinista de Liberación Nacional de Nicaragua.

Para Cardenal, quien no encontraba incongruencia alguna en trabajar por la liberación de los empobrecidos, por los derechos sociales, desde el sacerdocio y la teología y desde la revolución política a la vez, fue una decepción muy dolorosa aquel castigo del Vaticano, que no ha sido reparado hasta la llegada de Francisco. Sin embargo, no perdió ni la fe en la belleza de lo interior, ni la misericordia ante la debilidad de los otros, reflejando ambas convicciones o actitudes, como hemos dicho, en ese gran poema, un réquiem por la Monroe. Poema en el que Cardenal, con una visualidad rotunda, describe a la estrella muerta con el teléfono en la mano, y se pregunta a quién llamaría y también inventa que nadie contestó, sino que se escuchó una máquina: “Wrong number”. De esta manera completa un retrato aterrador del icono hollywoodiense: después de estar en todas las portadas, una mujer muere completamente sola, sin nadie cerca ni a través del teléfono. Y entonces apela a la compasión del lector: si antes le ha hecho cómplice convertir a Monroe en un objeto, ahora le enseña la necesidad del réquiem. Que todos los muertos merecen ser recordados, sobre todo los solos. Que el que reza por los muertos devuelve un sentido a sus vidas, después de la propia vida.

Aunque El Ejecutivo del gobierno nicaragüense señaló en su funeral que el poeta “constituye una gloria y un orgullo nicaragüense que admiramos profundamente dando gracias a Dios por su vida, sus méritos y su infatigable amor a Nicaragua”, la verdad es que  Cardenal pasó de símbolo de la revolución sandinista a ser un “perseguido político”, como él mismo se declaró, del Gobierno de Daniel Ortega, con el que se distanció por su forma de dirigir el sandinismo. Cardenal, que fue ministro de Cultura durante el primer Gobierno sandinista (1979-1990), que también encabezó Ortega, se enfrentó con el mandatario y a la esposa de este, la vicepresidenta Rosario Murillo, en los últimos años de su vida.

Mejor despedida le hizo Luis Rocha Urtecho, miembro de número de la Academia Nicaraguense de la Lengua al decir “Ernesto Cardenal, con todo ese bagaje cultural, o es un astronauta, o es un meteorito, o sencillamente es una nueva galaxia, añadiendo que Cardenal está en el mismo nivel de poesía que el chileno Pablo Neruda, pero el nicaragüense “es mucho más variado, sin denigrar a nadie, más polifacético”, pues exploró temas científicos, históricos, antropológicos y teológicos, entre otros. De hecho, Cardenal, nominado en al menos dos ocasiones para el Premio Nobel de Literatura, recibió el Premio Pablo Neruda en 2004 y el Premio Reina Sofía de Poesía, entre otros. “Llevó la ciencia a los poemas y su amor por la naturaleza, él decía que todos somos polvo de estrella, efectivamente, todos los seres humanos somos polvos de estrella y en algún momento vamos a ir también hacia el firmamento”, reflexionó otro académico, Carlos Tünnermann.

Por su parte el escritor y exvicepresidente nicaragüense Sergio Ramírez al hablar de la vida de Cardenal (1925-2020) manifestaba “pierdo a un hermano mayor, amigo entrañable y vecino de muchos años, un guía moral, un modelo literario, y con él se va parte esencial de mi propia historia”.

Los nicaragüenses recordarán al fallecido teólogo y poeta Ernesto Cardenal, que “entregó su vida a la poesía y a la lucha por la libertad y la justicia”, como declaró en su despedida la escritora Gioconda Belli, amiga personal del poeta. Añadiendo “hay una inmortalidad que tienen los poetas, la literatura y el arte que permanece”, y que en el caso de Cardenal, “nos deja una reflexión muy profunda sobre lo que significa ser un ser humano comprometido con su tiempo, con la belleza, con un pensamiento muy desarrollado sobre el cosmos, el universo”.

Mientras nuestra asociación ASPA manifiesta la condolencia por la muerte de Ernesto Cardenal afloran los sentimientos de utopía de un mundo sin tiranos, más justo y solidario, y el recuerdo nos vuelve a traer la melodía de aquella entrañable “Nicaragua, Nicaraguita, la flor más linda de mi querer”, que cantaba Carlos Mejía Godoy

Luis Pernía Ibáñez (ASPA)

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