La revuelta es el idioma de lxs ignoradxs

George Floyd es la última de las innumerables víctimas que el racismo blanco estadounidense ha arrojado a la cuneta de la historia

Michael Brown (Ferguson, 2014), Tony Robinson (Madison, 2015), Ahmaud Arbery, (Satilla Shores, 2020), Breonna Taylor (Louisville, 2020) y ahora George Floyd (Minneapolis, 2020) son algunas de las innumerables víctimas que el racismo blanco estadounidense ha arrojado a la cuneta de la historia. Los Estados Confederados de América dejaron de existir oficialmente el 19 de junio de 1870 cuando fueron asimilados a los Estados Unidos de América. Ciento cincuenta años después de la desaparición de la Confederación, el espectro del general Robert Lee, y lo que éste simbolizaba, está mucho más presente de lo que se quiere reconocer en la gran potencia estadounidense y de ello sabe mucho la comunidad negra americana, la más castigada y marginada del país. El asesinato de George Floyd ha revivido lo ocurrido en ocasiones anteriores, puesto que detrás de su apellido y el de sus pobres antecesores encontramos, una vez más, el homicidio, la represión y la tortura que padece dicha comunidad.

Lo triste de esta situación es que después de los altercados, las protestas, las manifestaciones, pacíficas o violentas, y las declaraciones oficiales rechazando hechos como éste, todo será igual y no se producirá cambio alguno. Y será así porque la segregación está en el germen de la nación americana y aunque se quiera esconder su historia, la repetición sistemática de incidentes como éste evidencia el racismo visceral de las fuerzas de seguridad hacia la comunidad negra del país.

Aunque el asesinato ha elevado el tono de la protesta respecto a situaciones anteriores, la respuesta a este tipo de cuestiones (clasistas, profundas, sistémicas y raciales) será la misma que en otras ocasiones. En el país de las oportunidades, las minorías y lxs pobres no valen ni las balas que los matan y los más de 100.000 muertxs que la pandemia del Covid-19 ha ocasionado hasta ahora son una clara muestra de ello.

La muerte de Floyd vuelve a reflejar las esencias racistas de la mayor potencia del mundo y cuestiona las bases de su democracia. Claro que igual debemos volver a recordar que el país se estructuró como potencia sobre los cimientos de cientos de años de esclavitud y que mantuvo leyes de segregación racista similares a las del ‘apartheid’ hasta la década de 1960 (precedidas de las Leyes Jim Crow, la Ley de Inmigración de 1924 o el Programa de Contrainteligencia del FBI de 1956). No existe en el mundo un país que esté libre de racismo, pero algunos como EE UU fueron fundados y se han enriquecido sobre los valores más extremos y permanentes del mismo. Un claro paradigma de ello son las figuras de Benjamín Franklin y Thomas Jefferson.

Asimismo, no está de más señalar que casi el 30% de lxs negrxs viven por debajo del umbral de la pobreza, que el desempleo duplica al de la población blanca y que el número de presxs negrxs duplica al de lxs latinxs y multiplica por seis al de lxs blancxs. Todo esto explica también el castigo que el Covid-19 les ha causado. Siendo lxs negrxs estadounidenses el 13% de la población del país, representan más del 25% de las muertes por el virus y esto mismo se refleja en los asesinatos ocasionados por la violencia policial. Un estudio del movimiento político internacional ‘Black Lives Matter’, creado el 13 de julio de 2013, refleja que cada día unx negrx desarmadx estadounidense es asesinadx por los cuerpos policiales y que muchxs más llenan las cárceles y trabajan por 50 centavos la hora para el complejo industrial carcelario.

En un país en el que en 2011 hubo más nacimientos, por primera vez, de niños pertenecientes a las minorías que de niños blancos y en el que, en un plazo breve de tiempo, esto se convertirá en norma, la resistencia a aceptar dicha realidad tiene que ver con el hecho de que cuando se consolide implicará cambios en las actitudes de los individuos, en las prácticas de las instituciones y en la naturaleza de la política estadounidense. Y no olvidemos que como el racismo es una forma de explotación que sirve de soporte ideológico a las diferencias y a los privilegios, hasta llegar a la nueva realidad, la resistencia será dura, seguirán muriendo negros, la violencia policial seguirá amparada por la impunidad, los supremacistas blancos seguirán campando a sus anchas protegidos por presidentes incendiarios, cercanos al Ku Klux Klan y a los grupos paramilitares neonazis y supremacistas, como Trump, e ignorados por un Partido Demócrata en el que solo Sanders ha rechazado el racismo sistemático del país.

Las explosiones de descontento masivo en diferentes ciudades estadounidenses son una reacción a todo lo que hemos señalado anteriormente y no sólo las violentas deben ser destacadas por los medios de comunicación. Decía Luther King en 1967 que la «revuelta es el idioma de los ignorados» y la obligada reflexión sobre la realidad estadounidense nos permitirá categorizarla.

Diario Vasco, DANIEL REBOREDO | historiador y analista político