La literatura africana también tiene nombre de mujer (IV)

Chimamanda Ngori Adichie es una escritora nigeriana nacida en 1977, en la aldea de Abba, Estado de Enugu. Es conocida por sus cuentos y las novelas Purple Hibiscus (La flor púrpura, 2005), sobre cierta intolerancia religiosa, y Half of a Yellow Sun (Medio sol amarillo, 2007), novela basada en la guerra entre Nigeria y Biafra, 1967-1970. Esta novela fue la ganadora del Orange Broadband Prize for Fiction en 2007, uno de los premios más reconocidos en el Reino Unido, adjudicado a mujeres que escriben en inglés.

EL PELIGRO DE UNA HISTORIA ÚNICA

(Parte 3)

Hace algunos años, cuando supe que se esperaba que los escritores hubieran tenido infancias realmente infelices para ser exitosos, comencé a pensar sobre cómo podría inventar un sin fin de cosas horribles que mis padres me hubieran hecho. Aunque la verdad es que tuve una infancia muy feliz, llena de risas y amor, en una familia muy unida.

Pero también tuve abuelos que murieron en campos de refugiados. Mi primo Polle murió por falta de atención médica. Una de mis amigas más cercanas, Okoloma, murió en un accidente aéreo porque nuestros camiones de bomberos no tenían agua. Crecí bajo regímenes militares represivos, que daban muy poco valor a la educación, por lo que mis padres a veces no recibían sus sueldos. Así que de niña, vi la jalea desaparecer de la mesa del desayuno; luego desapareció la margarina, después el pan se volvió demasiado caro, luego se racionó la leche. Y, sobre todo, una suerte de miedo político generalizado invadió nuestras vidas.

Todas estas historias me hacen ser quien soy pero insistir sólo en estas historias negativas, sería simplificar mi experiencia y omitir muchas otras historias que me formaron. La historia única crea estereotipos, y el problema con los estereotipos no es que sean falsos, sino que son incompletos. Hacen que una historia se convierta en una historia única.

Por supuesto, África es un continente lleno de catástrofes; algunas de ellas inmensas, como las terribles violaciones en Congo y otras deprimentes como el hecho de que 5,000 candidatos apliquen por un puesto laboral vacante en Nigeria. Pero hay otras historias que no son sobre catástrofes y es muy importante, es igualmente importante, hablar de ellas.

Siempre he sentido que es imposible compenetrarse adecuadamente con un lugar o una persona sin entender todas las historias de ese lugar o esa persona. La consecuencia de la historia única es esta: roba la dignidad de la gente. Dificulta el reconocimiento de nuestra igualdad humana. Enfatiza nuestras diferencias en lugar de nuestras similitudes.

Así, ¿qué hubiera sido si antes de mi viaje a México hubiese seguido los dos polos del debate sobre inmigración, el de Estados Unidos y el de México? ¿Qué si mi madre nos hubiera dicho que la familia de Fide era pobre sí, pero muy trabajadora? ¿Qué pasaría si tuviéramos una cadena de televisión africana que transmitiera diversas historias africanas en todo el mundo? Lo que el escritor nigeriano Chinua Achebe llama un “equilibrio de historias”.

Y ¿qué si mi compañera de cuarto hubiera sabido de mi editor nigeriano, Mukta Bakaray, un hombre extraordinario, que dejó su trabajo en un banco para seguir su sueño y fundar una casa editorial? Ahora bien, la sabiduría convencional era que los nigerianos no leen literatura. Él no estaba de acuerdo. Pensaba que la gente que podía leer leería, si la literatura estaba disponible y era asequible.

Poco después de haber publicado mi primera novela fui a una estación de televisión en Lagos para una entrevista. Una mujer que trabajaba allí como mensajera se acercó y me dijo: “Realmente me gustó tu novela, pero no me gustó el final. Ahora tienes que escribir lo que sigue y esto es lo que pasará …”. Y siguió contándome qué debería de escribir en la secuela. No sólo estaba yo encantada, sino muy conmovida. Estaba frente a una mujer perteneciente a las masas ordinarias de nigerianos, que se suponía no eran lectores. No sólo había leído el libro, sino que se había adueñado de él y se sentía con derecho a contarme qué debería de escribir en la secuela.

¿Y qué pasaría si mi compañera de cuarto hubiera conocido a mi amiga Fumi Onda, una mujer osada, conductora de un programa de televisión en Lagos, determinada a contarnos las historias que nosotras preferimos olvidar? ¿Y si mi compañera de cuarto hubiera sabido sobre la cirugía de corazón realizada en un hospital de Lagos la semana pasada? ¿Qué, si mi compañera de cuarto conociera la música contemporánea de Nigeria? Gente talentosa que canta en inglés y pidgin, en igbo, yoruba e ijo, mezclando influencias desde Jay-Z hasta Fela, desde Bob Marley hasta sus abuelos. ¿Y si mi compañera de cuarto supiera de la abogada que recientemente fue a la corte en Nigeria para desafiar una ley ridícula que requería que las mujeres tuvieran la aprobación de sus maridos para poder renovar sus pasaportes? ¿Y qué tal si mi compañera de cuarto conociera a Nollywood6, lleno de gente innovadora, haciendo películas a pesar de grandes limitaciones técnicas? Películas tan populares que son realmente el mejor ejemplo de que los nigerianos consumen lo que producen. ¿Y si mi compañera de cuarto conociera mi maravillosa y ambiciosa trenzadora de cabello quien acaba de iniciar su propio negocio de venta de extensiones para pelo? ¿O supiera de millones de otros nigerianos que comienzan un negocio y a veces fracasan, pero siguen teniendo ambiciones?

Cada vez que regreso a casa debo confrontarme con las mismas causas de irritación para la mayoría de los nigerianos: nuestra infraestructura fallida, nuestro gobierno fallido. Pero también con la increíble maleabilidad de la gente que prospera a pesar del gobierno y no gracias a él. Cada verano dirijo talleres de escritura en Lagos y es impresionante para mí ver cuánta gente está ansiosa por escribir, por contar historias.

Mi editor nigeriano y yo acabamos de empezar una asociación sin fines lucrativos llamado Farafina. Tenemos grandes sueños de construir bibliotecas y abastecer las bibliotecas ya existentes, y proveer de libros a las escuelas estatales que no tienen nada en sus bibliotecas, y también organizar muchos, muchos talleres de lectura y escritura para todos los que están ansiosos por contar nuestras muchas historias. Las historias importan, muchas historias importan. Las historias se han usado para despojar y calumniar, pero las historias también pueden ser usadas para dar poder y humanizar. Las historias pueden quebrar la dignidad de un pueblo, pero las historias también pueden reparar esa dignidad rota.