La literatura africana también tiene nombre de mujer (VI)

Resulta significativo que la única autora traducida al castellano antes de 1992 fuera la sudafricana Nadine Gordimer, premio Nobel de literatura 1991. Pareciera que los méritos exigidos a las escritoras son desmesuradamente mayores que a los escritores; de hecho, gran parte de la expresión de estas mujeres permanece inédita y, a menudo, la publicación de sus trabajos debe correr a cuenta de los medios (casi siempre limitados) de la propia autora. De manera que si bien es cierto que la publicación de obras femeninas es mucho menos abundante que la masculina (ya de por sí exigua), esto no es reflejo del volumen ni de la calidad creativa de estas mujeres.

BESSIE HEAD (SUDÁFRICA)

Bessie Emery Head (1937-1986) aunque nacida en Sudáfrica está considerada como la escritora más importante de Botswana. Hija de una mujer blanca adinerada y con una enfermedad mental y de un sirviente negro, en un momento en que las relaciones interraciales estaban prohibidas, nunca conoció a sus padres ya que fue dada en adopción a una familia blanca que cuando se dio cuenta de que la niña era de color la envió a un orfanato de donde fue sacada por un matrimonio negro, Nellie y George.

Luego de terminar la escuela primaria, Bessie fue internada en una escuela anglicana para “niñas de color”. Fue un gran cambio en su vida. Al comienzo no le gustaba ni la disciplina ni la nueva religión, pero pronto se adaptó y comenzó a disfrutar de largas horas en la biblioteca. A los dieciséis años, luego de terminar sus exámenes finales se escapó de la escuela y fue a su casa en Pietermaritzburg. Aprobó los exámenes y comenzó un curso docente dos años. En enero de 1956, a los dieciocho años, Bessie dejó la escuela.

Obtuvo un puesto como maestra en Durban, mientras que tomaba conciencia de la agitación política en Sudáfrica. En 1958 renunció a su trabajo y decidió ser periodista en El Cabo. Al año siguiente se mudó a Johannesburgo para trabajar en la revista Home Post. y comenzó a involucrarse en la política con un movimiento de liberación. En 1960 fue arrestada durante una manifestación luego de la masacre de Sharpeville.

En 1961 conoció al periodista Harold Head, miembro del partido Liberal no racial, con quien se casaría en septiembre. En 1962 tuvieron a su único hijo Howard. Por debajo de la aparente tranquilidad, Bessie comenzó a sentirse alienada de su país y su vida matrimonial, con la creciente brutalidad del Apartheid. Experimentó con poesía y ficción y publicó su primer cuento en The New African.

En 1964 se trasladó a Serowe, (ya separada de su marido) y trabajó en una escuela primaria, al mismo tiempo que escribía cuentos sobre el lugar. En 1965, dejó la docencia para dedicarse enteramente a la literatura. A pesar de la ocasional ayuda financiera de amigos, Bessie vivía en la absoluta pobreza. Al cabo de un tiempo se reinstaló con su hijo en un campamento de refugiados.

En 1968 tuvo serios problemas de salud mental. El patrón de depresiones y alucinaciones no la dejó, aunque nunca dejó de escribir. Cuando Maru se publicó en 1971, Bessie tuvo una serie de episodios de descontrol y terminó en un psiquiátrico una vez más por una temporada.

Una vez fuera comenzó su libro más difícil, A Question of Power, novela autobiográfica que recibió el aplauso inmediato de la crítica y le trajo el respeto internacional de escritores y lectores.

Su último libro, A Bewitched Crossroad: An African Saga apareció en 1984, luego de años de investigación. Es la mayor alabanza a la historia Africana y sus tradiciones. En los años 80 Bessie estaba agotada y sufrió la penosa ruptura con su hijo Howard. Comenzó a beber y su salud se perjudicó con el exceso de peso. Su muerte temprana en 1986 a los 49 años por contraer hepatitis se produjo cuando comenzaba a ganarse el reconocimiento y había salido de la pobreza.

En 2003 recibió póstumamente la Orden sudafricana de Ikhamanga por su contribución excepcional a la literatura y la lucha por el cambio social, la libertad y la paz.