Los pobres mueren antes

La muerte nos llega a todos antes o después, pero como diría Orwell unos son mas iguales que otros ante el fin de la vida. Así se deduce de 2 recientes publicaciones, el Atlas Nacional de Mortalidad en España realizado por la Generalitat Valenciana y la Fundación Fisabio y el Informe Evolución de la Esperanza de Vida y la Mortalidad en las CCAA, desde la crisis hasta la actualidad elaborado por la FADSP (Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública).

En el conjunto del país la esperanza de vida aumentó en 1,17 años, sin embargo no aumentó igual en hombres que en mujeres, en los primeros se incrementó en 1,41 mientras que en las mujeres lo hizo en 0,82 años, con lo que la diferencia en esperanza de vida de las mujeres respecto a los hombres se redujo entre 2010 y 2018 en 0,5 años, pero continuó existiendo una mayor esperanza de vida a favor de las mujeres (5,39 años en 2018).

Las CCAA con esperanza mayor de vida fueron Madrid y Navarra (84,23 y 84,18 años respectivamente en 2018) y las que la tuvieron menor eran en ese mismo año Andalucía (81,86) y Canarias (82,26), es decir una persona que viva en la comunidad autónoma con mayor esperanza de vida en principio vivirá 2,37 años más que si viviera en la que la tiene menor.

La tasa de mortalidad general (por 1000 habitantes) también tiene una gran dispersión según CCAA, Madrid y Baleares son las que tienen una menor tasa de mortalidad (7.04 y 7,06 respectivamente) mientras que las mayores tasas están en Asturias (12,92) y Castilla y León (12,13). En este caso se debe probablemente al mayor envejecimiento de la población en estas 2 CCAA respecto a las que tienen las menores tasas de mortalidad. Como era de esperar la mortalidad es mayor entre los hombres (0,52 puntos en 2018), y ha aumentado en ambos sexos durante estos años.

La tasa de mortalidad infantil por 1000 nacidos vivos decreció en el periodo en 0,57 puntos y de forma muy parecida entre hombres y mujeres. La mayor mortalidad infantil en 2018 se encuentra en Andalucía (3,77) y la menor en Navarra (1,77).

Entre las tasas de mortalidad por enfermedades especificas (calculadas por 100.000 habitantes), la mortalidad por enfermedad de Alzheimer aumentó ligeramente en este periodo (0,25 puntos), la mortalidad por cáncer presentó una disminución de 12,12 puntos en el periodo, sobre todo entre los hombres, probablemente por la disminución del tabaquismo entre estos mientras se incrementa entre las mujeres. La mortalidad por diabetes también disminuyó (1,78 puntos) y por enfermedad cerebrovascular también lo hizo (7,36 puntos), en ambos casos es probable que en relación con el mejor control de la diabetes y la hipertensión arterial, lo que depende fundamentalmente del funcionamiento del sistema sanitario.

La mortalidad por neumonía e influenza aumentó en cambio (1,63 puntos) probablemente debido al aumento de la edad media de la población, ya que estas enfermedades presentan mucha mayor mortalidad en las personas mayores y con pluripatologías.

Merece la pena destacar que tanto una menor esperanza de vida como unas mayores tasas de mortalidad, tanto general como por las causas analizadas, se concentran en las CCAA con menor PIB per capita (Andalucía, Canarias, Murcia, Extremadura), lo que ya ha sido señalado por numerosos estudios como los de determinantes de salud de la OMS en Europa (The solid facts 2003) o como el de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Español que en su Informe sobre las Desigualdades en Salud de 2019 señalaba que “el estado de salud es claramente más deficiente entre las personas en situación de pobreza, tanto en lo que se refiere a la salud percibida, como a la existencia de enfermedades crónicas y limitaciones básicas de la vida diaria. Cuatro de cada diez personas pobres (37,4%) consideran que su salud es regular, mala o muy mala. Esta cifra es once puntos superiores al de las personas no pobres (26 2%)”.

Asimismo la pandemia de covid19 ha tenido un mayor impacto en los grupos de población con menores recursos, tal como lo demuestran los estudios en barrios de Madrid y Barcelona donde se ha visto que el número de casos por 100.000 habitantes tenía una 8,37% más de casos positivos en los barrios más pobres en la primera ciudad y un 66% más en la segunda. Asimismo las localidades del sur y el corredor del Henares en Madrid, con menor renta per capita, presentan una incidencia mayor de casos que las del norte y oeste de mayor renta per capita. Otro caso relevante es el de los temporeros donde se han evidenciado un importante brote probablemente causado por unas muy deficientes condiciones de trabajo y de vivienda. Desgraciadamente los datos de mortalidad no están desagregados por nivel socioeconómico, pero probablemente cuando se analice esta variable se encontrara una mayor mortalidad entre los sectores de población con mayor pobreza.

La relación entre pobreza y peores indicadores de salud está vinculada tanto con unos menores ingresos lo que produce peores viviendas, problemas de acceso a una dieta saludable, desempleo y subempleo, peores condiciones de trabajo con mayores riesgos para la salud, mayor consumo de sustancias toxicas (alcohol, tabaco, etc), peor nivel educativo que favorece hábitos menos saludables (mayor obesidad por ejemplo), así como problemas de acceso a muchas prestaciones sanitarias (por ejemplo odontología, imposibilidad de retirar medicamentos prescritos por no poder asumir los copagos, etc).

Desgraciadamente hay pocos estudios que nos permitan evaluar las desigualdades dentro de las propias CCAA y dentro de los propios municipios, es decir que hagan un análisis según el nivel socioeconómico y la clase social, porque incluso analizar según el código postal es insuficiente porque con frecuencia agrupa situaciones económicas y sociales muy diferentes.

Una última reflexión tiene que ver con la necesidad de reducir las desigualdades tanto en esperanza de vida como en mortalidad, que se ha evidenciado son muy importantes, desarrollando instrumentos como el Plan Integrado de Salud, y tenerlo en cuenta en la prevención y el abordaje y de los rebrotes más que previsibles de la Covid19. Asimismo señalar que dentro de las propias CCAA existe en algunos casos una desigualdad notable que también debería abordarse, así como la influencia en estas desigualdades del nivel socioeconómico, que como se ha señalado puede ser determinante.

Carlos Sánchez Fernández y Sergio Fernández Ruiz
Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública

Publicado en Nueva Tribuna