La sanidad secuestrada

Tres médicos residentes se ven obligados a hacerse cargo del ala de un hospital ante la cuarentena obligatoria impuesta a los titulares por culpa de un virus. Podría tratarse de una frase extraída de cualquier noticia publicada durante los últimos meses y ocurrida en cualquier lugar del mundo. Sin embargo, es la sinopsis de “Hipócrates”, serie francesa de 2018, incluida hace unos días en el catálogo de Filmin en España que está en boca de muchos por su forma de asomarse a la sanidad pública y plasmar cómo afectan los recortes a dicha sanidad.  Porque basta abrir los ojos para ver el aumento de las reclamaciones de pacientes, las listas de espera, la reducción del gasto, el copago, el despido del personal o las peculiaridades de la gestión privada.

Esta situación se debe, en buena parte, a la gestión del gobierno del Partido Popular, marcada por los recortes y la nueva ley que imponía una reforma del sistema. Una etapa que, ocho años después, ha convertido a la sanidad española en un jugoso pastel de privatizaciones a costa de devaluar su calidad. Efectivamente todo empezó con la  reducción del gasto y el Real Decreto Ley 16/2012. Factores que marcaron un antes y un después en la sanidad pública en España. Pasó de estar en una situación estable a un estado de gravedad. El propio personal sanitario, con múltiples manifestaciones, pusieron la voz de alarma. La presión social logró frenar o compensar algunas de esas pérdidas. Hoy día se mantiene con múltiples deficiencias y sobrevive con los cuidados de un personal que intenta cubrir todas sus heridas como puede. Las leves subidas en las partidas de sanidad en los últimos Presupuestos Generales del Estado, de cara a las elecciones, no han mejorado mucho las estadísticas.

Pero lo peor estaba por llegar. Fue la irrupción de la pandemia del COVID19, a primeros de año, la que ha desnudado las carencias de la sanidad pública, el pilar que responde a las necesidades de los ciudadanos en situaciones de emergencia. Unas situaciones en las que no valen las mutuas privadas sanitarias, ni nada por el estilo y que nos venden cada día. Cuando sanitariamente las cosas se ponen mal la solución siempre pasa por acudir a la sanidad pública. Ni las epidemias ni las enfermedades graves tienen alternativa en las opciones privadas. La existencia de un buen servicio de sanidad pública siempre es la solución.

Una sanidad pública que se inscribe en el fenómeno de la globalización, la relación cada vez más estrecha entre todos los países del globo, y que precisa cada vez más de una gobernanza global que permita a todos acceder a unas condiciones mínimas de vida. La epidemia del coronavirus nos ha demostrado cómo la contención y la información facilitada por China a través de la OMS y las normas planteadas por ella han ayudado de forma positiva a la lucha contra esta epidemia actual. Ello conlleva que se reformulen y potencien elementos de gobernanza global y se eviten intentos, que también se han dado, de conseguir ventajas competitivas en terrenos económicos.

También en el caso de la Unión Europea se debe reflexionar acerca de las debilidades demostradas y la falta de una fuerte actuación y respuesta coordinada y solidaria en todos los campos.

Asimismo hacer ver a la ciudadanía sobre la importancia de disponer de unos servicios públicos de calidad, y  a la vez  demostrar que el egoísmo de determinadas políticas, que fomentan el individualismo social, es perjudicial socialmente para todos. Figurémonos que todo el dinero que se gasta en mutuas privadas fuese a parar a la sanidad pública qué servicio tendríamos. En nuestro caso podemos ver que frente a la epidemia de coronavirus la sanidad pública cumple y es la única solución.

La crisis de 2008 la provocó el 1% de la población y la pagó el 99% restante. No se pueden cometer los mismos errores. Para evitar la polarización y el populismo que corroe el sistema democrático hay que empezar por cuidar a la gente común, a los que llevan tanto tiempo aplastados por el enriquecimiento furioso de unos pocos.

¿Qué futuro enfrenta la sanidad española? Hay dos amenazas que determinan bastante su porvenir: Una, la exigencia de Bruselas de recortar  el gasto público, sabiendo que más del 30% se trasladará a la sanidad. Y dos, la negociación del TTIP (Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones), que plantea privatizar y favorecer otros intereses privados, como los de las grandes multinacionales farmacéuticas.

Ante el progresivo secuestro de la sanidad pública es necesario enfatizar que es un derecho y por tanto apoyar a los movimientos sociales que denuncian que el derecho  a la sanidad pública se haya convertido en un negocio.

Luis Pernía Ibáñez (ASPA)