Utilizar mucho el nombre de los Derechos Humanos no es garantía automática de que estos sean respetados

Para conocer el grado de respeto de cualquier país por los Derechos Humanos no basta con dejarse llevar por su propaganda oficial, es preciso analizar la realidad cotidiana de las personas más humildes, pobres, excluidas, pacíficas, perseguidas y amenazadas que habitan en él.

Respetar los Derechos Humanos no significa que exista un ministerio, una secretaría de Estado o una dirección general llamada de Derechos Humanos, de Justicia o Igualdad, tiene que ver con la instrucción pública en esos derechos y sobre combatir las desigualdades.

Muchos profesionales de la política gustan de hacerse fotografías en eventos que utilizan el nombre de los Derechos Humanos, mas, a menudo esas mismas personas fruncen el ceño cuando se les pregunta por una realidad que no quieren ver, por “inoportunidad” o elusión de culpa.

Los Derechos Humanos no son un señuelo electoral, ni un capricho o un lujo para cuando sobra dinero; no son una irrecíproca arma arrojadiza que manosear a modo de pretexto, casus belli o pin en la solapa.

Los Derechos Humanos tienen que ver con la DignidadHumana, tienen que ver con la Educación, con el control de los actos de los agentes del Estado, con la transparencia, el respeto a la esencia del #Derecho, especialmente cuando colisiona con el tenor literal de la ley.

¿Nos atrevemos a reflexionar sobre los Derechos Humanos en nuestro país? Preguntemos a las mujeres objeto de trata; preguntemos a las familias africanas de los migrantes ahogados o que reciben trato degradante; preguntemos a quienes sobreviven al borde del suicidio, víctimas de la mofa, la exclusión, la discriminación y el acoso.

¿Quieres saber cómo anda España de Derechos Humanos? Pregunta a las y los profesionales que todavía hoy, en pleno 2020, se enfrentan a la aplicación del Código Penal Militar; sin relación con escenarios bélicos, sin garantías homologables y con enorme desproporción punitiva.

Defender los Derechos Humanos no es ponerse un pin de los Objetivos de Desarrollo Sostenible mientras ordenas la deportación colectiva y sin asistencia letrada de miles de seres humanos cuya verdadera falta no es su situación administrativa irregular, sino el mero hecho de ser pobres.

Preguntemos al azar, a cualquier persona de más de 14 años, qué sabe de la #DignidadHumana, qué sabe del derecho a la Paz, de la desigualdad de trato, de los arrestos arbitrarios, de la igualdad salarial entre las mujeres y los hombres, del derecho a la Educación y las Culturas. Preguntemos, a ver si sabe que las vacaciones periódicas pagadas (y lo demás derechos laborales) son también parte de los Derechos Humanos, igual que la prohibición de la tortura, el derecho a un salario que permita vivir o el respeto al libre desarrollo de la personalidad.

Hablemos con alguien que sufra un desahucio, con frío, lluvia y estigma social, en mitad de una pandemia, sin alternativa habitacional, con familia necesitada a su cargo. Hablemos de sus Derechos Humanos (garantizados literalmente en la Constitución).

¿De verdad queremos hablar sobre DerechosHumanos? Fijémonos en el agravio comparativo entre quienes enfrentan persecución policial y cargos judiciales por cosas como ofensas a los sentimientos religiosos o daños a la reputación de la corona… y la impunidad del neofranquismo, las proclamas golpistas y las amenazas genocidas de una parte de la milicia.

Tenemos ámbitos concretos en los que trabajar:

  • En Educación, garantizando la presencia de contenidos éticos, cívicos, filosóficos, democráticos y de Derechos Humanos en el currículo académico.
  • En derechos civiles, derogando cuanto antes y por completo la conocida como LeyMordaza.
  • En la Judicatura y la Fiscalía, haciendo efectiva la voluntad política de combatir las múltiples formas que adopta el #DiscursodeOdio, de verdad y sin sesgos.
  • En #LibertaddeExpresión, exigiendo el control judicial en la intervención de comunicaciones y el secuestro de publicaciones en Internet.
  • En Violencia de Género, luchando contra el machismo y garantizando medios efectivos para la protección social y policial de las mujeres que lo necesiten; para controlar a los agresores y hacer cumplir las sentencias, sin causar desamparo; además de con campañas de sensibilización y contenidos educativos.

Quiero mencionar también la necesidad de proteger a quienes nos protegen. La defensa de los #DerechosHumanos acostumbra a ocasionar la persecución de quienes los defienden, en este sentido, es preciso regular el estatuto de defensora o defensor de Derechos Humanos, y garantizar por ley la protección de las personas que denuncien casos de #corrupción.

Por supuesto, no todo está mal, pero la situación no es como para regodearnos en discursos autocomplacientes.

Se ha hecho, y se hace, mucho; pero queda mucho por hacer por los Derechos Humanos, también en España y en la UnionEuropea.

Es preciso superar la idea de que todo esto de los Derechos Humanos es un asunto que solo atañe a realidades y países lejanos o de épocas pretéritas. Ese chauvinismo eurocentrista no hace bien a nadie.

La realidad es que muchos de los Derechos Humanos se violan diariamente, a menos de cinco kilómetros de donde me estás leyendo.

Ningún derecho es automático ni está garantizado para siempre. Debemos permanecer vigilantes y tomar conciencia de la necesidad de defender todos los derechos, cada día, en todas partes y para todo el mundo, sin discriminación ni claroscuros por intereses inconfesables.

Toda persona debería conocer, comprender, respetar y defender principios como la igualdad ante la ley, el derecho de reunión, expresión, circulación, seguridad, asociación pacífica, prensa, cátedra, prensa o autonomía personal, etc.

En caso de conflicto de legitimidades entre la aplicación de dos o más Derechos Humanos, deberíamos ser capaces de reflexionar, sopesando la gravedad y proporción de cada elemento y optar por la solución menos injusta, teniendo en cuenta que el propio interés no otorga la razón.

Nacemos libres e iguales, en dignidad y derechos, pero diferentes y únicas, en identidad y circunstancias.

Trabajemos nuestra empatía, responsabilidad personal y colectiva y trabajemos también en nuestro ego; eduquémonos en la duda; escuchemos, leamos variado y evitemos el odio.

Ahora sí: feliz día de los Derechos Humanos.

Jaume D’Urgell (Diario 16)