La literatura africana también tiene nombre de mujer (XVIII)

Chinelo Okparanta nació en Port Harcourt (Nigeria), 1981. Pasó su infancia en Nigeria y se trasladó a Estados Unidos con su familia cuando contaba diez años. Se graduó en la Universidad de Pensilvania, obtuvo un máster en Humanidades en la Universidad de Rutgers y cursó el programa de posgrado de escritura creativa de la Universidad de Iowa. Sus relatos se han publicado en The New Yorker, Granta, Tin House y The Kenyon Review, entre otras.

Su ópera prima, Happiness, Like Water, un libro de relatos, figuró en la selección de narrativa del New York Times Book Review y entre las mejores obras de ficción africana de 2013 según The Guardian.

BAJO LAS RAMAS DE LOS UDALAS, su primera novela, ha cosechado un considerable éxito de crítica y público en Estados Unidos, donde ha recibido diversos galardones. Además, fue finalista del importante Premio Literario Internacional IMPAC de Dublín y del Amelia Bloomer Project Selection, otorgado por el gremio de libreros estadounidenses. En 2017, fue incluida en la selección de los mejores jóvenes novelistas estadounidenses de la revista Granta-line, amplio fondo, con más de 8.000 títulos especializado en pensamiento crítico, movimientos sociales y narrativa de otros mundos

“Bajo las ramas de los udalas” es, casi a partes iguales, una novela de formación y novela de denuncia en la que se narra la infancia, adolescencia y juventud de Ijeoma, joven de la etnia igbo cuya vida está marcada por dos hechos: la guerra y su orientación sexual.

La historia comienza allá por 1968, año en el que la provincia de Biafra se enfrentó con el gobierno federal nigeriano en una cruenta guerra civil. Ijeoma es testigo de la guerra y, con la inocencia de sus escasos diez años, nos ofrece una visión casi “infantil” del conflicto. Poco dura esta visión ya que un hecho trágico marca una ruptura total en la vida de Ijeoma y su madre. El dolor y la devastación provocados por la violencia suponen un cambio radical en el desarrollo de la novela, la cual pasa a ser la historia de una permanente huida, ya sea voluntaria o forzada por las circunstancias.

Lo que hasta ese momento parecía la narración de los terribles efectos de la guerra desde la óptica de una niña se convierte en novela de formación y denuncia. Lo que hemos dado en llamar “novela de formación” abarcaría desde el despertar sexual de Ijeoma hasta su toma de conciencia adulta, pasando por sentimientos contradictorios o complementarios (según se mire) como el amor, el deseo, el remordimiento y la culpa. Estas dos palabras son clave en la novela: remordimiento y culpa. Ambos derivan del ambiente de violencia y extremada religiosidad mal entendida en el que viven Ijeoma, Amina, Ndidi y compañía, asfixiadas todas ellas por tradiciones y supersticiones que suponen una pesada losa capaz de aplastar bajo su peso a quien se “atreva a desafiarlas”. Ante un entorno así, ante el miedo, cada uno actúa según sus posibilidades e Ijeoma trata de llevar una vida “normal”, cosa de lo más complicada.

Es en ese momento en el que Ijeoma alcanza la edad adulta cuando la novela se convierte en denuncia, ya sea de la situación de la mujer, de la del colectivo LGTB, del machismo, la violencia o de la intolerancia religiosa.

Es, por encima de todo, una buena novela, bien narrada y bien construida, que nos pone frente a frente con una realidad que no por lejana en el tiempo y en el espacio podemos dejar de ignorar.