La literatura africana también tiene nombre de mujer (XIX)

Ayọ̀bámi Adébáyọ̀ nació en Lagos, Nigeria, en 1988; poco después, su familia se mudó a Ilesa y luego a Ile-Ife. Creció con una familia de grandes lectores y estuvo siempre rodeada de libros, enamorándose de ellos desde muy niña.

Estudió en la Universidad Obafemi Awolowo, donde obtuvo una licenciatura y una maestría en Literatura en inglés, y Escritura Creativa en la Universidad de East Anglia. También ha estudiado escritura con Chimamanda Ngozi Adichie y Margaret Atwood.

En 2015, Adébáyọ̀ fue calificada por el Financial Times como una de las estrellas brillantes de la literatura nigeriana.

Michiko Kakutani, en el The New York Times, describió a Adébáy «como» una narradora excepcional «, y agregó: » No solo escribe con una gracia extraordinaria, sino con una sabiduría genuina sobre el amor, la pérdida y la posibilidad de redención».

Su novela “Stay With Me” (Quédate conmigo) está ambientada en la Nigeria de los años 80-90 y sus turbulencias se dejan ver en las vidas de sus protagonistas. Adébáyò nos sumerge en esa clase media nigeriana que se compra una casa a la que hacen rodear de un alto muro que impide que sean vistos desde fuera… pero también que desde dentro puedan ver más allá. En palabras de la escritora, se buscó ese telón de fondo, en el que se enseña cómo el dinero logra aislar a sus miembros de la vorágine política y social que se desarrollaba tras las tapias de sus hogares.

La novela nos adentra en el universo íntimo de las relaciones familiares, centrándose en la de pareja y explorando la sexualidad y la falta de información sobre la misma, los roles que se esperan de cada uno y las prisiones que esto acaba suponiendo. Planteando varias cuestiones interesantes en torno al amor, la maternidad-paternidad, el modelo patriarcal y la verdadera liberación de la mujer.

Alternando las voces de Yejide y Akin, la moderna pareja protagonista inicia un romance en apariencia rechazando la poligamia. Sin embargo, este rechazo inicial se muestra a la larga también como una postura no tan sincera como se puede creer en un primer momento. Si bien Akin (un hombre que acude a la Iglesia aunque no demasiado practicante) rechaza este modelo, la presión familiar hará que la acepte como única vía posible, en apariencia, para que el hombre pueda tener descendencia, a pesar de su oposición inicial.

Yejide se nos muestra como una mujer que ha ido a la universidad, incluso que tiene su propio negocio, pero la familia, por ende la sociedad, no la acepta al no poder tener hijos. Las frases rotundas en este sentido abundan a lo largo del texto, mostrando una sociedad patriarcal y siempre bajo la mano del hombre que es el que acaba dirigiendo la vida de las mujeres que le rodean, sin que ellas tengan opción a conocer lo que está ocurriendo. En especial, Yejide parece decirnos que a pesar de tenerlo todo, no le sirve de mucho en el seno de esta sociedad que la obsesiona con ser madre. Aunque a la larga, ser madre se convierte en el principal objetivo de su vida: “Estaba dispuesta a compartir. Un hombre no es algo que puedas acaparar para ti sola; puede tener muchas esposas, pero un hijo solo puede tener una única y verdadera madre. Una”.

La escritora, además, nos procura un acercamiento al mundo yoruba y nos permite penetrar en el universo abiku (niños espirituales que nacen predestinados a morir una y otra vez) mostrando otra perspectiva. En torno al nacimiento y muerte de las niñas que la protagonista finalmente logrará traer al mundo, surge otra cuestión latente en la novela, la postura tradicional – reflejada en la madre de Akin, la abuela de las niñas – frente a la que aporta la medicina – defendida por el propio Akin, el padre. Son dos generaciones que en un momento dado explican lo que ocurre desde dos formas de ver y pensar el mundo que les rodea diametralmente opuestas.

Web de Ayobami Adebayo – Writing