¿Se puede apoyar hoy a Daniel Ortega, desde la izquierda?

Sobre Daniel Ortega, y sobre Nicaragua publiqué esta mañana, un par de twits y las reacciones, como era de esperar, no han venido –aún- del imperio, ni de la derechas, que no tardarán en comprarme el mensaje.

Han venido de las diversas izquierdas revolucionarias que todavía enarbolan –creo que algunas, sin un conocimiento de causa plenamente actualizado- la defensa a ultranza de Daniel Ortega, quien para mí, no sé si será un dictador, pero sí un traidor al sandinismo y –junto a su maquiavélica vicepresidenta y mujer, Rosario Murillo– un despótico nepotista.

Presentaba mis twits a mis contactos diciendo: Qué poco se habla hoy de Nicaragua, sobre todo en la izquierda…. Claro que apoyamos y contribuimos al triunfo de la Revolución Sandinista del 1979 que derrocó la salvaje y criminal dictadura de Somoza, con Daniel Ortega a la cabeza… Pero, aunque me duela reconocerlo, aunque me compren y manipulen el discurso las derechas -tanto las más como menos ultras- y aunque algunos revolucionarios, más o menos utópicos, románticos, desmemoriados o fundamentalistas, me pongan a parir,… no puedo mirar para otro lado cuando el noble pueblo Nicaragüense, está siendo masacrado…

Hoy día, hay muchos sandinistas que no apoyan a Daniel Ortega, y muchos más que no quieren a Rosario, justo hoy que ambos acaban de proclamarse nº 1 y nº 2 para las próximas y amañadas elecciones. ¡Qué triste!

La revolución sandinista inspiró al mundo entero, a cristianos y cristianas de base, a gente de izquierdas y a mucha otra gente de otros signos políticos. Y les dimos mucho dinero de nuestro bolsillo.

Pero sinceramente, creo que el tándem Daniel Ortega & Rosario Murillo se ha adueñado de una revolución, que fue sandinista, pero que sobretodo, fue del pueblo; ese pueblo que hoy está siendo reprimido, masacrado, encarcelado y silenciado ante sus legítimas protestas (independientemente de que el imperio esté alentando otras no tan nobles razones, por detrás).

Las preguntas que nos harían cambiar de opinión:

  • ¿Por qué nadie se pregunta – ni se dice- porqué Daniel Ortega tiene más de 4.000 millones de dólares y domina 10 de las 11 cadenas de televisión?
  • ¿Qué hacen exiliados los Mejía Godoy, por qué le han quitado sus canciones y las sigue utilizando Daniel?
  • ¿Qué sucede con las ONG, los periodistas, los abogados, el mundo de la cultura, lxs docentes de universidades….?
  • ¿Por qué se han ido, quienes han podido, están en la cárcel o les han embargado a todos ellos?
  • ¿Por qué tanta gente que abrazó el sandinismo y hasta Humberto Ortega -hermano de Daniel- le dicen que pare?
  • ¿Por qué están presos los 160 ciudadanos, como Dora María Téllez o Víctor Hugo Tinoco que fueron de los 7 del grupo de Daniel Ortega para derrotar a Somoza?…¿sólo por pensar diferente?

Si el grupo de izquierdas que ya nos ha empezado a increpar, se preguntara qué está pasando realmente hoy, y se hiciera honestamente estas y otras preguntas, creo que sus dudas comenzarían, el subsiguiente conflicto cognitivo les haría reflexionar y poner en duda aquello de lo que aparentemente están tan seguros; porque una cosa os digo: no se puede defender lo indefendible y como se dice más abajo:

La Revolución Popular Sandinista que triunfó en 1979, terminó por completo en 1990, traicionada por muchos de los dirigentes que la llevaron al poder”(…)

“Lo que está en juego en el mundo de hoy es el Respeto a los Derechos Humanos, la Justicia, la Ética, la Libertad, la Democracia, que es también el Derecho a Pensar Diferente, a Escoger Libremente. Lo que está en juego es, como dijeron los zapatistas, “Un mundo en el que quepan todos los mundos”.

Y lo siento compañeros y compañeras que defendéis tan valientemente la revolución socialista y bolivariana, pero Nicaragua hoy no es Cuba, ni Venezuela. (Y por supuesto que Daniel Ortega no es ni Chávez, ni Fidel). Dos países a los que seguiré apoyando y por los que seguiré denunciando el injusto, inmoral, ilegítimo y criminal bloqueo USA.

Los medios alternativos y el periodismo.

La mayoría de las informaciones que nos llegan de Nicaragua o son del Gobierno Sandinista o vienen del imperialismo USA o europeo. Y creo que no podemos quedarnos en un análisis simplista, ni fundamentalista, ni partidista. Por eso escribo esto, reconociendo que no hablo de ninguna de esas dos opciones, aunque sí desde la izquierda, desde la el cristianismo de la Teología de la liberación y desde la defensa de los DDHH, que está por encima incluso de los derechos ideológicos y de libre opinión.

Del discurso que traemos acá no hay muchas opiniones públicas, fundamentalmente por miedo, porque los periodistas críticos e independientes, no están fuera de los medios –como les pasa en España a Jesús Cintora, Jesús Ruíz y tantos otros- sino que están en la cárcel o fuera del país. E incluso, quienes están fuera del país, tienen a sus familiares amenazados. Y aún la gente que me pasa informaciones de calle y última hora, lo hace atemorizada.

En Venezuela, que tanto se critica a Maduro de silenciar a los medios (lo decía Rivera en España -hablando desde Caracas- y rodeado de numerosos medios y micrófonos), existen más medios de comunicación social contrarios al gobierno que públicos.

Sin embargo, en Nicaragua sabemos que hoy, todos los medios de comunicación son de los hijos de Ortega. Telcor, por ejemplo, obliga a los pocos canales independientes a trasmitir todos los mensajes de Daniel Ortega. Pero esto no lo verás en ninguna parte.

Pero, yo no me creo que, las personas de izquierda, sean todas ciegas. Acaso hay algunas, mayores la mayoría, que todavía están en el viejo sueño romántico ideológico de la noble revolución sandinista. También hay acríticos revolucionarios de corazón que, desde una lucha y defensa antiimperialista, no quieren ver, ni oír nada que vaya en contra del que consideran su aliado. Y en mi humilde opinión, ya lo es solo de galería, y que me perdonen la buena gente del PSUV, los camaradas del PCC y hasta muchos izquierdistas españoles.

Daniel Ortega es hoy un traidor a la revolución sandinista, que actúa despóticamente y con un nepotismo deleznable. Hasta me atrevería a decir que Ortega y Murillo son hoy, peor que Somoza. Otra cosa luego será el FSLN y otra, bien distinta el rol que juegue EEUU.

¿Cómo contrastar y discernir la verdad?

Hay dos maneras de contrastar lo que nos cuentan, de saber lo que está pasando en la realidad de la Nicaragua actual.

  • Una, es hablando y contactando con la gente que está allá, con la que tiene familiares encarcelados -solo por pensar distinto, con la que haya vivido -en carne propia- todo lo que ha pasado desde 2018, o con la que haya tenido que salir por patas.
  • Y la otra, escuchando, siguiendo y viendo los medios alternativos que subsisten hoy. No Canal 4 o Canal 6, que sí que son útiles para entender todas las mentiras que cuentan, sino contrastar con medios independientes –aunque tenga que ser en Facebook, Twitter o Instagram, como Despacho505 o Artículo66, o Radio corporación , o VosTV (que son los que yo conozco) … o simplemente ver los libros de primaria y secundaria.

Y termino compartiendo una extensa pero impresionante carta -que recibo a través de SOLIDARIDAD, el boletín del COR de Madrid-, de Pinita, a quien conocemos y por la que respondemos, que es madre y abuela de dos de las detenidas (tan solo por pensar diferente) Ana Margarita Vijil y Tamara Dávila respectivamente:

“Recibí el último Boletín Romero de Madrid. El espacio que dedican a la situación de Nicaragua es copia del discurso que repiten en todos los foros los voceros de esta dictadura de Daniel Ortega. Discurso mismo que contra toda evidencia, necesitan creer los llamados, “izquierda internacional”, quienes se resisten a aceptar que la Revolución Popular Sandinista que triunfó en 1979, terminó por completo en 1990, traicionada por muchos de los dirigentes que la llevaron al poder.

Sé que cada quien es libre de expresar lo que piensa y también lo que sueña, aunque esos sueños no tengan bases reales. La Guerra Fría terminó hace ya más de veinte años. El mundo que nos toca vivir hoy ya no se divide entre izquierda y derecha como un dogma, Norte y Sur. Las ideologías han hecho mucho daño a mucha gente en muchos lugares. No nos ayudan a entender el mundo en el que vivimos. Lo que está en juego en el mundo de hoy es el Respeto a los Derechos Humanos, la Justicia, la Ética, la Libertad, la Democracia, que es también el Derecho a Pensar Diferente, a Escoger Libremente. Lo que está en juego es, como dijeron los zapatistas, “Un mundo en el que quepan todos los mundos”.

Para mí ser de izquierda es tener la mente abierta a la realidad, que es siempre cambiante. No necesita de una “vanguardia”, ni de unos dirigentes que expliquen la realidad y cual camino seguir. Los seres humanos somos seres pensantes, cambiamos, y avanzamos atentos a los signos de los tiempos. Eso significa no anclarnos en un pasado ya inexistente que tuvo muchísimo valor en un tiempo en el que creímos que podíamos “tocar el cielo”.

En la Nicaragua de Daniel Ortega, con el derrocamiento del Somocismo, lo creímos. Creímos en la posibilidad de hacer realidad una sociedad nueva con libertad y justicia. Mucha gente buena del mundo entero creímos en esa utopía. Costó sangre y mucha juventud. Hubo una guerra de agresión, que también fue una guerra civil, una guerra entre hermanos. De agresión porque fue impulsada y financiada por la gran potencia de los Estados Unidos, pero también causada por múltiples políticas equivocadas de la misma dirigencia de la revolución, cuyo resultado obligó a rebelarse a un grupo muy grande del campesinado para unirse y levantarse en contra del mismo proyecto, que inicialmente apoyó porque fue pensado para sus justas reivindicaciones.

Desgraciadamente, como seres humanos, somos susceptibles a la corrupción, al halago, a sentirnos importantes e indispensables. Así como nuestro cuerpo se corrompe al morir, así de fácil se corrompen los ideales. Nuestra fragilidad nos obliga a estar siempre alertas ante el camino y las decisiones que tomamos. Nos exige ser responsables con el poder que tenemos, por pequeño que éste sea.

En Nicaragua ya no existe ninguna revolución, pero Daniel Ortega y algunos dirigentes no aceptaron la voluntad popular que se manifestó por medio de las urnas en las elecciones de 1990 y decidieron acuñar el lema de “gobernar desde abajo”, promoviendo revueltas populares. Nunca perdieron el poder. Lo conservaron aun después de 1990, porque Daniel Ortega y los suyos controlaban buena parte de los cuerpos armados, el Ejército y la Policía.

Lo sucedido entre 1990 y 2007, cuando Ortega recobró el gobierno, se suele ignorar internacionalmente. Y en esos años pasaron muchas cosas que conocemos y hemos vivido. En 1998 Daniel Ortega pactó con el presidente Alemán la repartición de los más altos cargos en el gobierno entre el PLC y el FSLN. Pactó también un cambio constitucional fundamental: se podría llegar a la Presidencia con el 35% de los votos. 

Ortega regresó al gobierno por ese cambio en la Constitución. Desde su regreso al gobierno fue controlando todas las instituciones, con prebendas, y contando siempre con los cuerpos armados. En las elecciones municipales de 2008 hizo el primer gran fraude electoral, robándose las principales alcaldías del país. Las pruebas sobran. Desde entonces no ha habido elecciones limpias en el país.

Pudo hacer algunos avances sociales por la ayuda petrolera venezolana. Pero también privatizó esa ayuda y enriqueció desmesuradamente a su familia, a los oficiales del Ejército y a los empresarios “sandinistas”. Pactó con el gran capital nicaragüense. El modelo económico que promovió fue siempre totalmente neoliberal, avalado por el FMI. El sistema productivo no cambió. La exportación de madera y de oro con la minería está destruyendo nuestros riquísimos recursos naturales.

Y lo más grave e increíble, violó nuestra soberanía nacional hipotecando el país por la suma de cincuenta mil millones de dólares a un empresario chino llamado Wang Jing de la compañía HKND que manejaría el canal interoceánico durante cien años, con el pretexto de que su construcción y manejo proveería de trabajo y grandes ingresos para el país. 

Este proyecto, gracias a Dios quedó en pura fantasía, porque destruiría el Gran Lago de Nicaragua, la reserva más grande de agua potable en Centro América y da todas las posibilidades al gobierno o a inversionistas extranjeros de expropiar u obligar a vender la tierra de sus alrededores para fines turísticos. Desde el comienzo, los campesinos, dueños de esas tierras ancestrales se organizaron para protestar y fundaron el Movimiento Campesino.

Sus principales líderes fueron llevados a las cárceles donde fueron juzgados en juicios amañados culpándolos de crímenes que no cometieron. Fueron liberados después de un año de cárcel. Muchos otros tuvieron que irse al exilio y actualmente dos de ellos están de nuevo secuestrados. Ellos están incluidos entre los últimos veintiséis presos políticos.

En abril del 2018 hubo una rebelión ciudadana, liderada inicialmente por jóvenes inconformes, y seguida después por la mayoría de la población, cansada de los fraudes, del control social, de la falta de transparencia, del sectarismo, de la corrupción. Nunca se esperaron ese alzamiento popular. La respuesta fue una represión brutal en la que el gobierno empleó armas de guerra.

La represión provocó más de trescientos muertos, cerca de cien mil exiliados, miles de heridos, muchos lisiados de por vida y cientos de encarcelados. Muchos murieron por falta de atención médica. Los médicos que se atrevieron a desobedecer, fueron despedidos de los hospitales públicos. Daniel Ortega y Rosario Murillo se impusieron por la fuerza de las armas, con el discurso de que hacían esto defendiendo la “revolución”.

Pero en abril de 2018 se les cayeron las máscaras. Desde entonces vivimos en una dictadura sin escrúpulos y sin límites, que sigue empleando discursos del pasado como si fueran verdades en el presente. El pueblo que se rebeló en abril de 2018 lo ha pagado muy caro. Resiste. Y hoy tiene temor de hablar, y no puede manifestarse públicamente sin arriesgarse a ir a la cárcel.

El siete de noviembre de este año toca ir a elecciones generales, de presidente y de diputados. Ortega tiene pánico a competir limpiamente y está preparando unas elecciones a su medida. Le dio terror la candidatura de la periodista Cristiana Chamorro, hija de doña Violeta Barrios, quien lo derrotó a él en las urnas en febrero de 1990.

Para impedir su candidatura acusó de “lavado de dinero” a la Fundación que dirigía Cristiana para fomentar un periodismo profesional. No le bastó y el dos de junio allanó su casa, dejándola en arresto domiciliar. A partir de entonces, y a lo largo del mes de junio, desató una “cacería” de otros precandidatos presidenciales y de dirigentes opositores, hasta encarcelar a veintiséis de ellos, secuestrándolos y manteniéndolos sin ningún contacto familiar o legal. En la cárcel, y después de juicios amañados, había ya más de otros 130 presos políticos. 

Las casas de los secuestrados en junio fueron allanadas, robándoles todo lo que se les ocurrió o les interesó sustraer. Esta oleada represiva ha llevado a decenas de periodistas y a centenares de personas de todas las clases sociales a huir del país. Ha generalizado el temor, la desesperanza y el sentimiento de que Nicaragua con Daniel Ortega y Rosario Murillo es un país sin futuro.

Entre las personas secuestradas están una de mis hijas, la menor, Ana Margarita Vijil y una de mis nietas, Tamara Dávila. Son dos mujeres comprometidas con su país, valientes y fieles a sus ideales de justicia social y libertad. A esa lucha han dedicado ambas, gran parte de sus vidas. Son mujeres jóvenes conscientes de la responsabilidad de poner la excelente educación que recibieron al servicio de Nicaragua y de sus gentes. Conscientes que Dios nos dio la palabra para denunciar, la inteligencia para pensar y decidir, la libertad para escoger y el corazón para amar la justicia y buscar el bien de la sociedad en que vivimos. Ellas escogieron luchar de forma cívica y pacífica, denunciando lo que no era justo. Dieron la cara, no se escondieron, aun sabiendo que podía sucederles lo que les ha sucedido.

Desde que fueron secuestradas en sus casas de habitación con lujo de violencia el doce y trece de junio respectivamente, no nos han permitido verlas ni sus familiares, ni sus abogadas. No estamos seguras de cómo están de salud. No están vacunadas contra el Covid porque todavía en Nicaragua no hay vacunación para esas edades. No sabemos qué comen. No nos permiten llevarles más que agua en cada tiempo y alguna que otra vez un frasco de suero hidratante o una botellita de Ensure, productos de higiene personal y alguna mascarilla. Están aisladas. El lugar en donde dicen tenerlas es un centro de “investigación” que todos y todas tememos.

A quienes somos familia de estos últimos secuestrados nos tratan con desprecio cuando llegamos. Nos hablan con voz de mando militar. No todos los familiares de los secuestrados se atreven a protestar. Tienen miedo de que tomen represalias contra su familiar. Algunos tienen que hacer un gran esfuerzo para llegar hasta ese lugar conocido como El Chipote. No hay transporte público que llegue hasta ahí y muchos no pueden faltar a sus trabajos.

La injusticia que vivimos me ha llenado de una fuerza interna que borra el temor a las represalias que puedan tomar contra mí. Y protesto. No puedo ni debo callar ante las injusticias. Soy dueña de mí misma y soy libre. No me someteré ante ningún tirano. Me someto solamente a los dictados de Dios que me habla en mi conciencia. Pero no oculto que muchas veces me quiebro y me cuesta mucho dormir y comer. Con frecuencia siento en mi persona lo que expresó herido de muerte en sus últimas palabras Alvarito Conrado, el niño mártir de la insurrección de abril: “Me duele respirar”.

La revolución de Nicaragua, ese proyecto que despertó el interés de tanta gente en todo el mundo, un proyecto por el que mi familia y yo lo dimos todo, ya no existe. Se evaporó por la ambición del poder, por la codicia del dinero y ahora está manchado con sangre de inocentes”

Luis Angel Aguilar Montero

Publicado en Latercautopía