Momentos difíciles. Tiempo de autoestima.

Compartimos las palabras de nuestro presidente, Luis Pernía, en la apertura de la 35ª Asamblea General de Socias y Socios de ASPA:

Hace unos días leía un libro del profesor Manuel Fraijó (Semblanzas de grandes pensadores. Conferencias. Editorial Trotta, Madrid 2020) donde decía que nuestro mundo occidental vive momentos de banalidad cultural y social. Una sociedad líquida de Zygmunt Bauman “en la que la incertidumbre crece por la vertiginosa rapidez de los cambios y que han debilitado los vínculos humanos. Lo que antes eran nexos potentes ahora se han convertido en lazos provisionales y frágiles”. La pandemia, la guerra de Ucrania, la subida de la luz y del gasóleo, el crecimiento de la extrema derecha…

Un botón de muestra la guerra de Ucrania, una guerra con una sola versión:

  • “La verdad es la primera víctima de guerra” decía Esquilo hace más de 2500 años. En la guerra lo primero que muere es la verdad
  • La mentira es un arma de destrucción masiva que sirve para exonerar de responsabilidad a inescrupulosos empresarios o políticos, criminales o negligentes.
  • El objetivo final es el enriquecimiento ilícito

¿Qué está pasando? La dura realidad. Según nos dice el último informe publicado por Oxfam, la ONG más grande del mundo: “Primero crisis, después catástrofe”, elaborado antes de las reuniones que celebrarán el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (18-24 de abril). Otros 250 millones de personas se sumarán al enorme ejército de 600 millones personas que viven ahora en pobreza extrema en todo el mundo, hasta sumar 860 millones a finales de este año. Se trata de personas que disponen de menos de 1,9 dólares al día para sobrevivir. ¿Las causas? La pandemia, el aumento de la desigualdad provocada por la crisis y la subida de los precios de los alimentos básicos provocados por la guerra de Ucrania. Esos 250 millones de personas equivalen a la población de Alemania, Francia, Reino Unido y España.

El Ingreso Mínimo Vital sigue sin despegar: sólo alcanza al 12% de la población bajo el umbral de la pobreza. Casi dos años después, la ayuda llega a 1.064.609 personas, el 46% del objetivo inicial del Gobierno. Pese a que la reforma legal aprobada en diciembre ha aligerado las trabas burocráticas, aún se rechazan tres de cada cuatro solicitudes.

Una de las herramientas para luchar contra esta catástrofe sería la cancelación de la deuda de los países de ingresos bajos, según Oxfam. Esos países apenas pueden pagar esa deuda -43.000 millones de dólares en pagos solo este año-, y cada dólar que esos países emplean en pagarla es un dólar que se detrae de una inversión que sería necesaria para que ese país saliera de la crisis, para poder importar alimentos o combustible.

Otra medida propuesta por numerosas organizaciones, que ya ha sido llevada a la práctica por algunos países, como Argentina, sería aumentar los impuestos sobre los más ricos, lo que proporcionaría una enorme cantidad de dinero. Con esos fondos podría protegerse a los más vulnerables.

Otra medida sería  volver a demandar el 0´7 del PIB y la cooperación internacional. De hecho ante la asombrosa serie de problemas socioeconómicos, como la pobreza extrema, el hambre, las desigualdades económicas y los peligros ambientales,  la propia ONU plantea reducir el gasto militar mundial y que parte de estos recursos se desvíen hacia el desarrollo sostenible y la ayuda humanitaria.

Y es que, un nuevo informe publicado el lunes 26 de abril por el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (Sipri) revela que el gasto militar mundial aumentó a casi dos billones (millones de millones) de dólares en 2020, lo que supone un incremento de 2,6 %, en términos reales, con respecto a 2019.

Precisamente hacia este horizonte de la cooperación, la paz y el desarrollo sostenible nació ASPA hace 35 años. Somos una modesta ONGD, pero llevamos 35 años funcionando tras esos dos objetivos cuya actualidad sigue vigente: la paz y la solidaridad. Y yo me pregunto ¿Qué locura nos empujó hacia esas dos metas tan difíciles de conseguir? Eran tiempos difíciles, recién salidos de la Transición y sin embargo algo nos empujó ….

Un empeño difícil, pues el viento nos venía, como ahora, en contra. Pero algo nos animaba a seguir adelante. El panorama era desértico, pero como dice el refrán “Lo que embellece el desierto es que esconde un pozo en cualquier parte” Y así hemos seguido después de 35 años. ¿Qué podemos decir? Que ese pozo sigue dando agua en este desierto de incertidumbres. Y que a pesar de los pesares ese sentimiento utópico de un mundo más justo sigue vivo en nosotras y nosotros. Por ello nuestro agradecimiento a toda la gente de ASPA, porque el mejor patrimonio de ASPA es su gente. Con una mención especial a nuestras trabajadoras y trabajadores, a nuestros socios, a nuestras voluntarias y voluntarios y a tantas compañeras y compañeras con los que seguimos compartiendo proyectos en inmigración, en cooperación, en ecología o en otros temas que ponen el centro en la vida y en la naturaleza.

Y siempre nos haremos una pregunta crucial ¿Seguimos sirviendo? Servir, aunque viene de servus, es «estar a disposición de» .

La función solidaria: haciendo ver que la solidaridad es la ternura de los pueblos y la desigualdad no es neutra

La función educativa: el cambio de conciencias es el único camino para que este mundo cese en su deriva.

La función corporal: poder tocarnos en estos tiempos de virtualidad y rechazo. La sonrisa cuesta menos que la electricidad y da más luz

La función utópica: seguir repartiendo sueños, imaginación y ganas

La función de resistencia: para ser voz de sin voz, aunque nos sintamos rescoldo debajo de las cenizas

Función de sinergias: haciendo plataformas, coordinadoras, empatía y mestizaje

Seis funciones en busca de esa paz y solidaridad tan deseadas. Por eso aunque por la edad o por el cansancio nuestro pequeño barco no pueda concluir su viaje surgirán por doquier otros mensajeros, porque esa paz y solidaridad añorada son imprescindibles y necesarios para que la vida surja y se multiplique en este planeta azul.

Luis Pernía

Fuente Agria (Córdoba) 23 y 24 de abril de 2022