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de Sur a Sur, nº 113, Los centros de internamiento para extranjeros (CIE): un agujero de los derechos humanos

La noticia que facilitó el ministro Zoido de la construcción de dos nuevos CIE en Málaga y Algeciras, a raíz de una petición de la diputada de Podemos María Isabel Mora, creó un profundo malestar en las organizaciones prosociales, particularmente en Málaga y Algeciras. La voluntad de algunos grupos políticos y las gestiones de la Plataforma de Solidaridad con los inmigrantes de Málaga, de la que formamos parte, consiguieron recientemente el NO unánime de los diversos grupos políticos que componen la Diputación y el Ayuntamiento a la construcción de un nuevo CIE en la provincia. Para recordar y seguir rechazando estos centros que en realidad son cárceles encubiertas traemos a colación este artículo de Andrés Peña, del Informe de APDHA Derechos Humanos en la Frontera Sur 2017. Andrés de la Peña Fernández es delegado de la APDHA en el Campo de Gibraltar.

Este año los Centros de Internamiento para Extranjeros (CIE) han sido noticia por distintos motivos. Unas veces por los actos de protesta realizados por inmigrantes retenidos en los CIE, otras por el posicionamiento de distintos ayuntamientos pidiendo su cierre y, últimamente, por los autos de jueces de control de los CIE. En la actualidad hay en el Estado español ocho CIE: Algeciras-Tarifa, Barcelona, Las Palma, Madrid, Murcia, Tenerife y Valencia. Los CIE son establecimientos públicos de carácter no penitenciario donde se retiene de manera cautelar y preventiva a extranjeros sometidos a expediente de expulsión del territorio nacional. Los Centros de Internamiento de Extranjeros son un instrumento extendido por toda la Unión Europea adoptado en desarrollo de la política migratoria común suscrita en el acuerdo de Schengen de 1985. Como consecuencia de este acuerdo, se dicta la primera Ley de Extranjería, la Ley Orgánica 7/1985 de 1 de julio sobre Derechos y Libertades de los Extranjeros en España. En su artículo 26.2 se establecía la “posibilidad de acordar judicialmente, con carácter preventivo o cautelar, el ingreso en centros que no tengan carácter penitenciario de extranjeros incursos en determinadas causas de expulsión mientras se sustancia el expediente” (para seguir leyendo el artículo pincha en este enlace)

Además este artículo puedes encontrar:

  • ASPA 30 años 30 poemas de mujeres del mundo: Freedon Nyamubaya
  • Nueva Junta Directiva de ASPA
  • Algunas de las cosas en las que estamos trabajando:
    • XX Jornadas sobre inmigración bajo el lema “Vulnerabilidad de los derechos en la Frontera Sur”
    • X Muestra de la Cooperación Internacional y las Migraciones
    • XXV Feria de la Solidaridad de Córdoba Solidaria
    • La caseta de ASPA cumple 29 años
    • Encuentro Las rebeldes se juntan
    • Talleres del proyecto Formación de jóvenes en Educación Global con pensamiento crítico y en igualdad de género, detectando formas de acoso y violencia a las mujeres
    • Concentración “Música para la acogida”
    • Exposición Clínica y Amazonía

Refugiados sin refugio

Con el mismo eslogan, que presidió el trabajo de las organizaciones de acogida, durante primer semestre del año, empezamos el nuevo curso, donde, por desgracia, no han aminorado las noticias negativas en relación a las personas migrantes y refugiadas: hay proyectos de construcción de nuevas vallas en Europa, continúan los asentamientos de refugiados en Grecia, aumenta el número de menores no acompañados en el mundo y se contrata a Frontex con tres millones de euros para trasladar a los refugiados de las islas griegas a los puertos turcos.

En nuestro país las cosas tampoco han ido como se esperaba. De las 16.000 personas a las que se ha comprometido el gobierno no han llegado a 400, en un goteo intermitente. Y durante el verano se han visto con más nitidez los dos problemas que afectan al esfuerzo de las entidades que trabajan directamente en la acogida, como son CEAR, Cruz Roja y ACCEM, como son las incoherencias y erráticas políticas europeas de inmigración y las reticencias a los programas que ofrece España, prefiriendo irse a otros países, sobre todo a Alemania.

Sin títuloNo se ve luz al final del túnel en una solución humanitaria a las personas refugiadas, a pesar de los buenos deseos de la reunión de alto nivel, estos días, de jefes de Estado y de Gobierno sobre refugiados y migrantes en la sede de la ONU. Así, mientras el Reino Unido, en un plan de ‘seguridad’ pactado con Francia, pretende alejar a los inmigrantes de Calais con la construcción de un muro de un kilómetro de largo, presupuestado en 21 millones de euros, que estará terminado antes de que acabe el 2016, otros trazos oscuros dibujan el cuadro sobre la situación de los refugiados al comienzo del curso.

La primera pincelada es que sigue en pie el acuerdo alcanzado el pasado 20 de marzo entre la Unión Europea y Turquía, conocido como ‘Acuerdo de la vergüenza’, que supone la devolución a Turquía de todos los inmigrantes irregulares y refugiados que lleguen a las islas del Egeo a partir de esa fecha. A cambio se estudia, con cierto mimo, la adhesión de Turquía a la UE y se negocia que los ciudadanos turcos pueden acceder sin visado al territorio Schengen, aunque por el momento este aspecto está paralizado y Turquía exige su cumplimiento. El pacto se selló bajo la excusa de que se podía considerar al país euroasiático como un lugar seguro y, por tanto, capaz de albergar allí a los refugiados que huyen de la guerra y tratan de acceder a Europa. El golpe de Estado de principios de julio, los recientes atentados que han sacudido al país, así como la sombra de la restauración de la pena de muerte en Turquía demuestran que está lejos de los estándares de ‘país seguro’, que recoge la Convención de Ginebra. Otra pincelada es que, a pesar de un premeditado silencio, el flujo de llegadas no se ha detenido. Aunque es considerablemente menor, las llegadas por la ruta Turquía-Lesbos no han dejado de producirse. Antes del 20 de marzo, cada día llegaban a la costa griega una media de 1.740 migrantes. Tras el pacto, la media estaba en 47, aunque en las últimas semanas la cifra ha aumentado a 100 y se prevé que los acontecimientos en Turquía puedan reactivar esta ruta. La consecuencia del acuerdo no es el cerrojo al tránsito en el mar, sino la reactivación de vías más peligrosas, como la que va de Libia a Lampedusa. En lo que va de año, más de 160.000 personas han accedido a Europa y cerca de 4.000 han perdido la vida en el mar. Entre ellos centenares de niños.

Objetivamente, la situación de los campos de refugiados, que abarrotan el país, es menos dramática de lo que cabría imaginar. Aunque sobreviven en naves industriales, descampados o hacinados en tiendas de campaña, se les garantizan tres comidas al día, ropa, agua, luz y una sensación de cierta seguridad. Estas medidas podrían aceptarse como temporales, pero las autoridades hablan de que es posible que los procedimientos de solicitud de asilo se demoren hasta dos años. En la actualidad, se calcula que entre 40.000 y 70.000 personas están atrapadas en Grecia. Las 10.000 personas que se encontraban en el campo de Idomeni, en la frontera con Macedonia, fueron realojadas a partir del 24 de mayo en los alrededores de Tesalónica, al norte del país. Seguir leyendo Refugiados sin refugio

El naufragio de Europa, nuestro naufragio

Cuando el 20 de junio celebramos el día del refugiado, bajo el impacto del reciente acuerdo UE-Turquía, cuyo objetivo, sin tapujos, ha sido ‘que no lleguen’, viene a la memoria el regusto amargo del viejo poema: primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista. Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío. Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista. Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante. Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada.

Sin títuloNadie que dijera nada. Es como si a los numerosos naufragios de personas en el Mediterráneo se añadiría el naufragio de los valores éticos y los compromisos internacionales trabajados durante años. El punto final de un largo proceso de desencuentro de las políticas europeas con la realidad migratoria. Como el que ocurrió en los años 90 cuando España impetró ayuda y cooperación a la UE cuando nuestras costas recibían pateras y cayucos cargados de personas que huían del hambre y la desolación en África, pero también de la privación de sus derechos fundamentales o de las múltiples guerras que asolaban y asolan el continente. La UE dijo que era una cuestión de índole nacional y nos concedieron algunas migajas presupuestarias y cierta colaboración simbólica de la agencia Frontex.

Nadie que dijera nada, como cuando hace unos años, con el hundimiento, inducido, en gran parte, por intereses geoestratégicos, del estado en Libia y la inestabilidad en Egipto y Túnez, lanchas y barcos llenos de seres humanos que huían de la guerra y la miseria intentaban llegar a las costas de Malta y principalmente Italia, muriendo muchas veces en el intento. Ya se nos ha olvidado en nuestra sociedad líquida (Bauman) la masacre de Lampedusa. La UE, con especial énfasis alguno de sus miembros, dijeron que era una cuestión básicamente nacional.

Es como si volviéramos a 1938, cuando representantes de 32 Estados occidentales se reunieron en un bonito hotel de la ciudad de Evian, al sur de Francia, para discutir sobre el problema de los refugiados judíos víctimas de las políticas discriminatorias del régimen nazi. Evian es ahora famosa por sus aguas, pero en aquel momento, los portavoces se encontraron para deliberar si aceptar un mayor o menor número de refugiados judíos, que escapaban de persecuciones en Alemania y Austria. Después de varios días de negociación, la mayoría de países, incluido Gran Bretaña, decidieron no hacer nada. El acuerdo UE-Turquía ha sido como un eco del fracaso de Evian.

En toda Europa, los líderes se han saltado la convención de los refugiados de 1951, un documento histórico, en parte inspirado por los fallos de Evian, para justificar la devolución de refugiados sirios a Turquía, país donde la mayoría no puede trabajar legalmente, a pesar de los cambios legislativos recientes. Un país que también deporta refugiados de vuelta a Siria, y donde permanentemente se les empuja hacia la frontera. Seguir leyendo El naufragio de Europa, nuestro naufragio