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¿Te has preguntado alguna vez qué representa el logo de ASPA?

Cuentan lxs más viejxs del lugar que el logo de ASPA representa el amanecer sobre los volcanes Concepción y Maderas.

Cuentan lxs más viejxs del lugar que corriendo 1987 había un deseo de apoyar los proyectos sociales y políticos emprendidos en las diferentes revoluciones de Centroamérica frente a la desinformación y las dificultades de todo tipo provenientes de Estados Unidos. Se soñaba un mundo con más justicia. Es la época en que se sienten las venas abiertas de América Latina, como decía Eduardo Galeano.

Cuentan lxs más viejxs del lugar que en ese contexto se organizan numerosas Brigadas a Nicaragua participando en campañas de alfabetización, de salud o de cooperación. Algunxs brigadistas deciden quedarse no solo unos meses, sino años acompañando los proyectos nicaragüenses, guatemaltecos o salvadoreños

Cuentan lxs más viejxs del lugar que ASPA, como idea, surgió de un grupo de brigadistas andalucxs en Nicaragua al constatar que no existía ningún organismo con capacidad y ámbito de actuación a nivel de Andalucía dedicado a fomentar la cooperación solidaria y la sensibilización ciudadana a cerca de los problemas del «subdesarrollo», en contraste con la mayor presencia de ONGs en otros lugares (Cataluña, Aragón, País Vasco o Madrid). Además, la sensibilización ciudadana a cerca de los problemas del «Tercer Mundo» debía tener en Andalucía un acento especial, dadas la circunstancias de su peculiar posición geográfica, cultural y socio-económica que la sitúan un poco a caballo entre el Norte «desarrollado» y rico y el Sur «subdesarrollado» y pobre.

Cuentan lxs más viejxs del lugar que el lago más grande de Nicaragua tiene diferentes nombres: los pueblos originarios lo llamaban Cocibolca, los conquistadores españoles le llamaban La Mar Dulce, los granadinos le llamaron Lago de Granada, y hoy en día es generalmente conocido como el «Lago de Nicaragua». Probablemente la isla más famosa del lago sea Ometepe, una isla de 276 km² localizada en el lado occidental del lago. La isla está formada por dos impresionantes volcanes rodeados por tierra fértil en la que abunda la naturaleza: estos son el Concepción y el Maderas.

Una mirada feminista a la Nicaragua ‘cristiana, socialista y solidaria’

Entrevista con María Teresa Blandón, una de las voces más críticas del feminismo nicaragüense.

Doña Alma se quedó sola en el comedor porque su ayudante no vino. Me mira mientras intento mover una mesa pesada, para ayudarla como puedo. «Donde hay mujeres no mueren mujeres» murmura, y sonríe. En la Nicaragua de Daniel Ortega, donde el poder de la primera dama Rosario Murillo es prácticamente absoluto, la figura de la mujer no es ausente, al contrario, ha tenido y tiene un papel relevante en la creación de esta «segunda etapa del socialismo». Sin embargo, a pesar de que haya mujeres en los cargos decisivos; el machismo, la discriminación y la violencia de género no han desaparecido. Y, contrariamente al refrán de doña Alma, mujeres sí hay, pero las mujeres siguen muriendo.

María Teresa Blandón, originaria de una zona rural en el norte de Nicaragua y ex guerrillera en la revolución sandinista, es hoy una de las voces más críticas del feminismo nicaragüense. La encontramos en las instalaciones del Programa feminista la corriente, una red feminista que desde 1994 es una referencia en Centroamérica para los estudios de la teoría feminista, investigación, formación de líderes y alianzas en defensa y promoción de los derechos de las mujeres y la igualdad de género. Blandón nos concede una larga entrevista que acá reportamos casi integralmente.

Empezamos hablando de la que se podría denominar «la nueva estética del Frente», una especie de renovación ideológica y visiva que distingue la segunda etapa del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), digamos, a partir de la derrota electoral del 2001, y que Blandón interpreta como «el resultado de un análisis detallado de la sociedad, muy oportunamente utilizado para específicas finalidades políticas».

«Los nuevos símbolos son expresión de un sincretismo largamente larvado en el Frente. Los anteriores correspondían a otra época, a otro discurso y a otro propósito, a un momento de la historia en lo que había que exacerbar el relato del guerrillero heróico, del hombre —deliberadamente digo hombre— bueno, noble, comprometido, dispuesto a dar todo por la patria. Es decir, los símbolos anteriores correspondían al relato de un guerrillero heróico que debía de ser admirado porque estaba dispuesto a morir por la patria y por los ideales de justicia.»

Blandón recuerda una época «asociada a la guerra, a la muerte, al sufrimiento, al individuo que abandonaba su familia para construir una familia revolucionaria trascendente». Una época que ya no existe, suplantada por una supuesta democracia pacificada y pacificadora, por una época de consumismo que disfraza de político lo que es meramente económico.

«Esta nueva propuesta política del Frente se fue gestando desde la derrota electoral de 1990. En tiempos de neoliberalismo, de consumo, cuando la gente quiere olvidar la guerra, los muertos, las heridas que causó la guerra, cuando quiere de alguna manera dejar en paz el duelo, este Frente, que ha perdido 3 elecciones consecutivas, la del 1990, del 1997 y del 2001, necesita construir nuevos símbolos. ¿Para quién? Para el grueso del electorado, que son jóvenes con una historia fragmentada, porque probablemente ni sus propios padres han querido hablar con sus hijos e hijas. Hay algunos que tienen una idea de purismo revolucionario, otros que heredaron un gran resentimiento por lo que significó el fin de esta revolución. Hay muchas historias y relatos, dependiendo de donde estuvieron sus padres, pero son relatos fragmentados, porque en este país no hemos logrado invertir en la recuperación de la memoria histórica. Hay muchas historias pero que no dialogan, son inconexas. Lo que tienen los jóvenes son pedacitos de historia, y este metarelato está colocado en un lugar donde ya no encaja, donde los mismos padres los han alentado a una búsqueda más individual, para satisfacer las necesidades crecientes en una sociedad de consumo.

Los discursos y los nuevos símbolos del frente apuntan a esto, a aparecer como una alternativa viable para la juventud pero sin este peso de la mística revolucionaria propia de la década de los 70 y 80 y más como una propuesta alegre, lúdica, con algo que apunta a la solidaridad pero desde tareas muy básicas que empalman con una idea religiosa. Ser cristianos, solidarios con los pobres pero sin abandonar sus propios intereses de desarrollo. Lo que antes se podía ver como individualismo, ahora tenemos que hacerlo compatible con el socialismo y los símbolo tienen que ser alegres.

El rojo y negro vienen del sandinismo maduro, eran símbolos muy sólidos pero también muy tremendos, asociados a la lucha guerrillera de América Latina, y se inscriben en una línea que se asocia al dolor, a la muerte, al sufrimiento, al peligro, a la exposición de la vida misma.

Ahora tenemos símbolos alegres, multicolores, con mensajes muy simples y apelaciones muy ambiguas, para hablar con los jóvenes sin cuestionar las creencias conservadoras de los adultos, porque uno de los temas que más afectó al Frente en los 80 es un cuestionamiento permanente a ciertas ideas conservadoras religiosas. De hecho, el primer lema que adopta el «nuevo» Frente es somos ‘cristianos, socialistas y solidarios’. Así, con ‘cristianos’ en primer lugar, y esto marca una diferencia importantísima en los nuevos símbolos y la estética del partido.»

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