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30 años 30 poemas: «Huelga» de Gioconda Belli

Gioconda Belli es una poeta, novelista y activista nicaragüense. Su obra literaria se caracteriza por su compromiso político y por rescatar y ahondar en el universo femenino, reivindicando el papel de las mujeres en la sociedad y en la construcción de la cultura. En 1972, con su primer libro Sobre la grama, revoluciona la poesía centroamericana al abordar sin tapujos el cuerpo y la sexualidad femenina. Su activismo le llevó a militar en el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), y a ocupar durante un tiempo (1979 a 1994) cargos de responsabilidad una vez los sandinistas derrocaron a Somoza.

HUELGA (contra las tiranías)

Quiero una huelga donde vayamos todos.

Una huelga de brazos, de piernas, de cabellos,

una huelga naciendo en cada cuerpo.

Quiero una huelga

de obreros                                        de palomas

de choferes                                      de flores

de técnicos                                        de niños

de médicos                                       de mujeres

Quiero una huelga grande,

que hasta al amor alcance.

Una huelga donde todo se detenga,

el reloj                                                 las fábricas

el plantel                                            los colegios

el bus                                                   los hospitales

la carretera                                        los puertos

Una huelga de ojos, de manos y de besos.

Una huelga donde respirar no sea permitido,

una huelga donde nazca el silencio

para oír los pasos

del tirano que se marcha.

 

30 años 30 poemas: «Credo personal», Claribel Alegría

Con el poema “Credo Personal” de Claribel Alegría iniciamos una colección de 30 poemas de mujeres del mundo. Queremos, además de celebrar que en el 2017 cumplimos 30 años, revertir mínimamente la invisibilización de las mujeres creadoras (artistas, escritoras, científicas, etc.) Somos conscientes de que las mujeres a lo largo de los siglos no hemos podido acceder, y aún no podemos hacerlo en muchos lugares del mundo, a la educación y a los espacios de creación del conocimiento. Pese a ello, muchísimas mujeres, de todas las épocas, han contribuido a la historia del saber humano, sin que aún se reconozca ni divulgue su obra.

Para iniciar la colección hemos elegido una escritora nicaragüense porque ASPA nació a partir de las brigadas andaluzas de solidaridad con la Revolución Sandinista de los años ochenta. Claribel Alegría nació el 12 de mayo de 1924 en Estelí. Ha cultivado varios géneros literarios, entre los que fundamentalmente se encuentran la poesía, la narrativa y el ensayo. Sus cualidades en el arte de escribir le han valido importantes premios, como el de Poesía Casa de las Américas, y menciones, como la del Festival Internacional de la Poesía de Granada, que en su VII edición le rindió un homenaje exclusivo. Claribel siempre ha afirmado que se sentía, además de nicaragüense, salvadoreña porque desde muy pequeña se fue a vivir con sus padres a El Salvador. En este lugar le ocurrieron posiblemente las cosas que más la marcarían, como el haber presenciado, a los ocho años, una terrible masacre cometida contra mil campesinos en esa tierra; de este hecho hablaría muchos años más tarde en su poesía.

La obra de Claribel se halla impregnada de sentimientos pacíficos y un hondo compromiso con la realidad política y social de todo el mundo; afanosa defensora de la democracia, ha intentado a través de sus letras transmitir actitudes como la tolerancia y el respeto por la libertad y el bien común, denunciando todo aquello que se pusiera en contra de tales principios.

La autora en “Credo Personal” alza la voz contra la colonización, la explotación, la violencia y manifiesta su confianza en la hermandad de los pueblos contra toda forma de dominación.

Creo en mi pueblo

que por quinientos años

ha sido explotado sin descanso

creo en sus hijos

concebidos en la lucha y la miseria

padecieron bajo el poder

de los Poncio Pilatos

fueron martirizados

secuestrados

inmolados

descendieron a los infiernos

de la “Media Luna”

algunos resucitaron

entre los muertos

se incorporaron de nuevo

a la guerrilla

subieron a la montaña

y desde allí

han de venir a juzgar

a sus verdugos.

Creo en la hermandad de los pueblos

en la unión de Centro América

en las vacas azules de Chagall

en los cronopios

no sé si creo

en el perdón

de los escuadrones de la muerte

pero sí en la resurrección

de los oprimidos

en la iglesia del pueblo

en el poder del pueblo

por los siglos

de los siglos

Amén.

Una mirada feminista a la Nicaragua ‘cristiana, socialista y solidaria’

Entrevista con María Teresa Blandón, una de las voces más críticas del feminismo nicaragüense.

Doña Alma se quedó sola en el comedor porque su ayudante no vino. Me mira mientras intento mover una mesa pesada, para ayudarla como puedo. «Donde hay mujeres no mueren mujeres» murmura, y sonríe. En la Nicaragua de Daniel Ortega, donde el poder de la primera dama Rosario Murillo es prácticamente absoluto, la figura de la mujer no es ausente, al contrario, ha tenido y tiene un papel relevante en la creación de esta «segunda etapa del socialismo». Sin embargo, a pesar de que haya mujeres en los cargos decisivos; el machismo, la discriminación y la violencia de género no han desaparecido. Y, contrariamente al refrán de doña Alma, mujeres sí hay, pero las mujeres siguen muriendo.

María Teresa Blandón, originaria de una zona rural en el norte de Nicaragua y ex guerrillera en la revolución sandinista, es hoy una de las voces más críticas del feminismo nicaragüense. La encontramos en las instalaciones del Programa feminista la corriente, una red feminista que desde 1994 es una referencia en Centroamérica para los estudios de la teoría feminista, investigación, formación de líderes y alianzas en defensa y promoción de los derechos de las mujeres y la igualdad de género. Blandón nos concede una larga entrevista que acá reportamos casi integralmente.

Empezamos hablando de la que se podría denominar «la nueva estética del Frente», una especie de renovación ideológica y visiva que distingue la segunda etapa del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), digamos, a partir de la derrota electoral del 2001, y que Blandón interpreta como «el resultado de un análisis detallado de la sociedad, muy oportunamente utilizado para específicas finalidades políticas».

«Los nuevos símbolos son expresión de un sincretismo largamente larvado en el Frente. Los anteriores correspondían a otra época, a otro discurso y a otro propósito, a un momento de la historia en lo que había que exacerbar el relato del guerrillero heróico, del hombre —deliberadamente digo hombre— bueno, noble, comprometido, dispuesto a dar todo por la patria. Es decir, los símbolos anteriores correspondían al relato de un guerrillero heróico que debía de ser admirado porque estaba dispuesto a morir por la patria y por los ideales de justicia.»

Blandón recuerda una época «asociada a la guerra, a la muerte, al sufrimiento, al individuo que abandonaba su familia para construir una familia revolucionaria trascendente». Una época que ya no existe, suplantada por una supuesta democracia pacificada y pacificadora, por una época de consumismo que disfraza de político lo que es meramente económico.

«Esta nueva propuesta política del Frente se fue gestando desde la derrota electoral de 1990. En tiempos de neoliberalismo, de consumo, cuando la gente quiere olvidar la guerra, los muertos, las heridas que causó la guerra, cuando quiere de alguna manera dejar en paz el duelo, este Frente, que ha perdido 3 elecciones consecutivas, la del 1990, del 1997 y del 2001, necesita construir nuevos símbolos. ¿Para quién? Para el grueso del electorado, que son jóvenes con una historia fragmentada, porque probablemente ni sus propios padres han querido hablar con sus hijos e hijas. Hay algunos que tienen una idea de purismo revolucionario, otros que heredaron un gran resentimiento por lo que significó el fin de esta revolución. Hay muchas historias y relatos, dependiendo de donde estuvieron sus padres, pero son relatos fragmentados, porque en este país no hemos logrado invertir en la recuperación de la memoria histórica. Hay muchas historias pero que no dialogan, son inconexas. Lo que tienen los jóvenes son pedacitos de historia, y este metarelato está colocado en un lugar donde ya no encaja, donde los mismos padres los han alentado a una búsqueda más individual, para satisfacer las necesidades crecientes en una sociedad de consumo.

Los discursos y los nuevos símbolos del frente apuntan a esto, a aparecer como una alternativa viable para la juventud pero sin este peso de la mística revolucionaria propia de la década de los 70 y 80 y más como una propuesta alegre, lúdica, con algo que apunta a la solidaridad pero desde tareas muy básicas que empalman con una idea religiosa. Ser cristianos, solidarios con los pobres pero sin abandonar sus propios intereses de desarrollo. Lo que antes se podía ver como individualismo, ahora tenemos que hacerlo compatible con el socialismo y los símbolo tienen que ser alegres.

El rojo y negro vienen del sandinismo maduro, eran símbolos muy sólidos pero también muy tremendos, asociados a la lucha guerrillera de América Latina, y se inscriben en una línea que se asocia al dolor, a la muerte, al sufrimiento, al peligro, a la exposición de la vida misma.

Ahora tenemos símbolos alegres, multicolores, con mensajes muy simples y apelaciones muy ambiguas, para hablar con los jóvenes sin cuestionar las creencias conservadoras de los adultos, porque uno de los temas que más afectó al Frente en los 80 es un cuestionamiento permanente a ciertas ideas conservadoras religiosas. De hecho, el primer lema que adopta el «nuevo» Frente es somos ‘cristianos, socialistas y solidarios’. Así, con ‘cristianos’ en primer lugar, y esto marca una diferencia importantísima en los nuevos símbolos y la estética del partido.»

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